Podemos saber de algún modo quién está a nuestro lado, sin pasar mucho tiempo con él, sólo yendo a su encuentro y dejando que muestre su cara sin anticipo, sin preparación de un acto, sin prevenirse para ocultar lo que verdaderamente siente.
Llegamos a tener varias sorpresas en un solo instante: el hecho de ver a alguien sin previo aviso, hace que ese alguien se muestre por momentos como verdaderamente se siente cuando está frente a nosotros. Ese momento desprevenido puede denunciar más su verdad que mucho tiempo pasado a su lado, luego de la preparación para hacerlo.
Parece una estafa si uno se pone a pensarlo, pero es un juego en busca de la lealtad, de la sinceridad, de la sincera relación. No hay alegría en la cara sorprendida de las personas que no sienten real afecto por un otro, que cuando aparece sorpresivamente, desnuda en su expresión, su verdadero sentir.
El hecho aparentemente ingenuo de ir hacia el otro, sin previo aviso, hace que la cara espontànea de quien hemos ido a ver, muestre, en un alarde de sinceridad no deseada, todo lo que siente en ese mismo instante, sin ocultar, porque no puede, nada de lo que le produce aquella visita inesperada.
Es un riesgo que se debe correr, es necesario hacerlo. El resultado podrìa ser muy difìcil de soportar, pero lo que se lograrìa luego. en consecuencia, serìa de mucho valor y utilidad para lo que se deba decidir luego de la experiencia, que tambièn podrìa ser llamada experimento de la prueba del sinceramiento, cueste lo que cueste.
Espacio para la reflexión y participación de los que quieran leer, verse reflejados, observar en otras experiencias las similitudes o diferencias en las que la vida nos espeja.
domingo, 29 de mayo de 2011
miércoles, 25 de mayo de 2011
Dejemos que piensen
Hoy, he pensando mucho en el beso de la princesa.
Ustedes podrán preguntarse de qué hablo cuando hablo de esto...Cuando un hombre se acerca por primera vez a una mujer, siempre será un sapo que espera ser convertido en príncipe por aquella mujer a quien buscó.Él no lo sabe, ni siquiera lo desea, somos nosotras las que queremos convertirlo, y él sólo lo será para nosotras, a partir de ese beso, para nosotras de ese modo en que lo transformemos, porque será únicamente nuestra obra, que nadie podrá conocer, porque esta obra se produce, como en el famoso cuento, en el preciso momento en que el sapo entra a nuestras camas y se mete entre nuestras sábanas, de modo que allí se operará el cambio, o no se convertirá jamás en ese príncipe que queríamos tener. Siempre será nuestra obra la que lo ha de lograr. A tenerlo en cuenta, cada vez que encontremos un sapo que quiere ser desencantado-encantado, pues saldrá de un encantamiento para entrar en otro, que inevitablemente cambiará su forma para moldearse en nueva metamorfosis que nuestro beso le provocará.
Debates se necesitan para afirmar o negar este pensamiento. A por ellos, cuanto antes mejor. Hace mucha falta convertir sapos en príncipes en estos días...Y es tarea de mujeres, transformar y convertir sapos en príncipes. Aunque sólo sea príncipe para esa mujer, y nadie más lo confirme como tal, a ella le servirá y a él le hará feliz...
Ustedes podrán preguntarse de qué hablo cuando hablo de esto...Cuando un hombre se acerca por primera vez a una mujer, siempre será un sapo que espera ser convertido en príncipe por aquella mujer a quien buscó.Él no lo sabe, ni siquiera lo desea, somos nosotras las que queremos convertirlo, y él sólo lo será para nosotras, a partir de ese beso, para nosotras de ese modo en que lo transformemos, porque será únicamente nuestra obra, que nadie podrá conocer, porque esta obra se produce, como en el famoso cuento, en el preciso momento en que el sapo entra a nuestras camas y se mete entre nuestras sábanas, de modo que allí se operará el cambio, o no se convertirá jamás en ese príncipe que queríamos tener. Siempre será nuestra obra la que lo ha de lograr. A tenerlo en cuenta, cada vez que encontremos un sapo que quiere ser desencantado-encantado, pues saldrá de un encantamiento para entrar en otro, que inevitablemente cambiará su forma para moldearse en nueva metamorfosis que nuestro beso le provocará.
Debates se necesitan para afirmar o negar este pensamiento. A por ellos, cuanto antes mejor. Hace mucha falta convertir sapos en príncipes en estos días...Y es tarea de mujeres, transformar y convertir sapos en príncipes. Aunque sólo sea príncipe para esa mujer, y nadie más lo confirme como tal, a ella le servirá y a él le hará feliz...
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