domingo, 30 de junio de 2013

Reflexiones sin respuesta

 Quitar de mi pecho este amor, vana ilusión que me  ha de llevar la vida en el intento que no lograré cumplir y mientras me desgarraré penando inútilmente en pos de conseguirlo.
Sería como arrancar mi corazón en vida y continuar sin él, caminar como zombie, como yerta, como inanimada, y así estaría.
  
Pretender seguir viviendo de ese modo, me parece inútil, tonto además de imposible, o tal vez lo lograra, pero ¿de qué serviría esta vida arrastrada de esa manera? Deberé tratar, ¿cómo?, no sé.

Sin él,seguir luchando, trabajando, ¡no tiene gracia despertar sin saber que él está, en alguna parte está! ¡Qué locura! 

Ni siquiera sé dónde se halla, pero que me baste saber que está en alguna parte, como aquella amante que escribía, incansable, cartas diarias a su amado, creyéndolo vivo, y éste, mientras tanto, años llevaba muerto. 
Ella vivió de esas cartas no respondidas, hasta que lo supo muerto, cuando esto sucedió, al poco tiempo, murió de tristeza.

Quitar de mi pecho este amor, como si fuera una mancha de la camiseta, del mantel, de la sudadera, ah!,¿ qué estoy pensando?... ¡Si fuera tan sencillo!...
No estaría escribiendo todo esto.

Sería como tratar de impedir  mi respiración, vivir sin los pulmones, y ahora que lo escribo y lo leo, pienso, ¡será tan terrible vivir sin él!
Será como intentar vivir sin aire. Tan imposible de lograr.
¿Y pretender seguir viviendo, cómo, entonces?

Como si fuera posible.

 Vivir sin ilusiones, sin mañanas alegres, sin planes acompañados, sin sonrisas cómplices.
Sin recuerdos en común, sin vernos y abrazarnos dando vueltas hasta quedar agotados, y separarnos para besarnos, y tomados de la mano, caminar unos pasos y volver a abrazarnos, y luego de las primeras emociones, sin palabras, volver al aire, y hablar, preguntando a tropezones, el uno al otro por los momentos vividos mientras estuvimos ausentes el uno del otro…

¡Ah! Pero si parecen tonteras, y qué importantes se vuelven cuando no están más.

Decid vosotros, cómo se hace para recomenzar la vida cuando uno pierde el amor, ese que se llama amor, ¡porque es amor!

Ese que no tiene explicaciones, que  invade todo sin invadir nada, que todo lo llena y sin embargo siempre está pidiendo más, que os tiene presos y jamás os habéis sentido más libres.
Ese que os vuelve un héroe y un cobarde al mismo tiempo. Eso, que no podéis decir de dónde procede ni por qué vino, ni cómo empezó. ESE.


Ahora, decidme, ¿cómo se vive sin ESO luego de haber conocido qué y cómo es?

miércoles, 26 de junio de 2013

¿La bella durmiente? ¿Una larva?

La bella durmiente, y su despertar

Estaba dormida, no  lo dudo ya más, estuve dormida. 
En algunos momentos, pensaba que había estado muerta, pero ahora veo que sólo estuve dormida, esperando (aunque no tan bella) como aquella niña del bosque dormida por  un mal deseo, por un sortilegio maligno en el que había sido sumergida para quitarla del medio.
No sé cuáles hayan sido las causas por las cuales este estado me aquejaba, pero sí puedo asegurar que estaba en ese estado larvático, podría decirse, caprichosamente, por ponerle un nombre que describa un estado de no estar pero no estar totalmente vivo, sino sólo en ciernes, sin terminar de hacerse, sin completar su ser… No comparable a nada más que a la larva de un insecto, metido en su envase frágil, aislado, casi sin vida, pero esperando una vida que luego será y será bien definida, como debe ser, en todas las funciones para las que estaba destinado. Y en la naturaleza este ciclo se cumple paso a paso, a menos que otro proceso natural lo interrumpa. 
O, y aquí vamos, la mano del humano.

Me pregunto y os pregunto, pacientes oidores de mis disquisiciones, ¿cuántas  veces habrá  sido interrumpido mi proceso desde que comenzó a gestarse mi hueva, mi pupa, mi larva, mi célula?…
No es que piense que no he tenido nada que ver en estas interrupciones, que seguramente habré  interrumpido mi sueño de larva para espiar y participar de las interrupciones y colaborar con los desaguisados, ¡ah, sí!, ya lo creo. Colaboré mucho en ello. No voy a quitar ni un ápice de mi responsabilidad en los hechos.  Nada fue arrebatado por la fuerza, hubo consenso, erróneo, pero consenso al fin.
Hasta que podía ver  que me había salido precozmente de la envoltura, antes de tiempo, en la primavera equivocada, con el clima erróneo, con un depredador de pico voraz frente a mí, esperando para tragarme de un solo picotazo. Pero, nunca me tragaba del todo, como veréis...

Para cuando lo notaba, estaba medio descalabrada, pero alcanzaba lo que de mí restaba, para volver al capullo y dormir el sueño de la larva,  y ahora, decía, ¡ahora es para siempre!…

Con ese propósito in mente, que yo creía firme e inamovible, me encerraba en mi autoprotección inventada, y esperaba quedar a salvo de todo peligro externo que implicara algún riesgo para mi existencia latente, que era lo más seguro que entonces me quedaba. NO SUFRIR.

Se supone que cuando se es larva no se está vivo del todo, si no se está vivo del todo, no se sufre, si no se sufre es porque uno es una larva, de modo que el círculo cerraba y yo estaba cómoda.

Pero…

Querréis saber qué sucedió en medio de este estado de sopor inconsciente, anestesiado, dormido… casi muerto.
Pues que no estaba nada muerto. Nada.

Y hete aquí que ha llegado un alguien, que fue desprendiendo suavemente las muchas capas en las que cuidadosamente me había envuelto, con tanta suavidad y cuidado, que no lo creeréis, no me he dado cuenta, cuando ya estaba de nuevo despierta, y esta vez con los sentidos agudizados, convertida en un ser completo, tan completo que la metamorfosis me había llevado a ser parte de otra especie, pues tampoco era ya un  insecto, como antes había llegado a sentir que era.

(A diferencia de aquel triste protagonista del cuento de Kafka. Y también se me ocurre, acerca de ese hombre, que tal vez fuera mejor para él ser un insecto enorme, que un resto de hombre perdido tras la esclavitud de un mísero empleo...) 
Disculpad, es que, de pronto he recordado este cuento. Es que todo se relaciona con todo, pues todo nos atañe.

Como decía, pues como veréis, me distraigo con facilidad, y ahora sigo con lo que me traía entre letras...
  
El caso es que me vi transformada en algo vigoroso, fuerte, exigente, que se bebe la vida a tragos sin parar a respirar. En una sinfonía a pleno, que resuena en cientos de armonías y acordes, crescendos, coros, trompetas, timbales y violines, sin olvidar los chelos que con gravedad acompañan los momentos más conmovedores de esta nueva vida que estoy experimentando de la mano del avezado “descascarador” de larvas que me descubrió y ahí nomás empezó su tarea. Con este resultado.

¿Qué opináis vosotros de esta última salida del capullo?
Parece que esta vez, la metamorfosis ha sido todo un éxito.
O que la durmiente ha sido despertada por el despertador adecuado, o que abrió los ojos en el momento correcto. ¡Vaya uno a saber! 
No sé si soy exactamente la bella durmiente, pero sí que soy la ex-durmiente-larva... ¡Y estoy tan despierta!

  
¿Para qué preguntar?
Mejor me dedico a disfrutar y ¡ya!


Espero que a vosotros les llegue vuestro descascarador en breve, ese  que os quite lo que cubre vuestro brillo, y así podréis  también ocupar vuestro sitio, entre las estrellas, en el espacio que os espera, que es vuestro y que os merecéis...

domingo, 23 de junio de 2013

¿Una historia más?

 Recuerdo el relato de mi madre, cuando te vio, al abrir la puerta:

Diecisiete años, pequeñita, delgadísima, sin abrigo, despeinada, carita desahuciada, ojos llorosos, celestes, enormes, asombrados, no entendías qué estaba sucediento, qué había sucedido.

Todo había empezado cuando le dijiste a tu padre que amabas a Luis y  que iban a casarse.
Ahí se desató la furia. Furia como pocas, Nunca antes vista. Desenfreno. Intransigencia. Insultos. Incomprensión. Intolerancia. Imposible dialogar. Imposible cualquier intento de entendimiento entre ustedes, padre e hija.
Hasta ese momento,  pues de allí en más no fuiste más su hija.
Te despidió de su casa, sin ambages, sin darte tiempo a nada.
Te insultó y  te gritó las cosas más horribles.

Corriste, corriste, corriste. Kilómetros, sin ver nada más que tu interior que tenía como único contenido un nombre: Luis.

 Y corriste, sólo para poner distancia. Distancia entre tú y lo que habías decidido para tu vida.  Distancia entre lo que se atrevía a intentar poner distancia entre Luis y tú.
Corriste sin parar. No podías detenerte. Corrías para salvar tu amor, tu vida, y las dos cosas eran lo mismo. Y así, llegaste a casa de mis padres.

Y lo lograste.
Conseguiste lo que buscaste: salvaste tu vida salvando tu amor.

¿De dónde obtiene uno el aliento cuando ocurren estas cosas, me pregunto?
Pero, continúo.

Cuando llegaste a la casa de mi familia, golpeaste con la desesperación que te acompañaba, pero con la fuerza del amor que te dio la fuerza para la hazaña.
Te ayudaron, te cobijaron, pero el esfuerzo, el coraje, el reclamo, la lucha, todo fue tu tarea, tu obra.
Esa hazaña que hoy cumple 70 años.

Porque lo tuyo fue una hazaña. Una hazaña de amor. Que hoy continúa y sigue tan viva en ti y en Luis, como el primer día, pero más perfecta, expandida, extendida en cientos de días llenos de afecto, demostrado mutuamente, pleno, a conciencia, con placer. A sabiendas de que lo que tanto había costado tenía para los dos, ese valor incalculable que ambos supieron y pudieron disfrutar y apreciar, afortunadamente.

Hoy, Sara, tiene 87 años, y su esposo, quien la acompaña, como siempre, lleva vividos 95. Hace siete décadas que están juntos y se aman. Ambos están lúcidos.

Hoy, quise que vosotros supieráis también de estos seres excepcionales que merecen ser noticia.

Hace unos días, si queréis que os lo cuente, he presenciado una bellísima y sentida declaración del esposo, quien, conmovido, y tomando de las manos a su mujer, le dijo:

"Sara, eres lo más hermoso que he tenido en mi vida. Mil veces naciera, mil veces te elegiría. Gracias"
Ella, bajó sus ojos, y dijo, "¿Ahora? ¡Ahora ya soy fea!..."
Ambos se abrazaron.


Tú, Sara, eres uno  de mis ejemplos.
Cada vez que no sé qué hacer, recuerdo lo que hiciste, y trato de perseguir mi sueño, como tú lo hiciste, con firmeza, con fuerza, con decisión. Con amor.

¿No os ha parecido que esta historia, por real de cabo a rabo, es de una fuerza que cala el alma?

Vosotros podéis creerla o podéis dudar. Estáis en vuestro derecho.
¿Yo? Yo tengo la dicha de haber conocido la historia y a sus protagonistas, y de verlos aún. Juntos.

Para Sara y Luis.

sábado, 22 de junio de 2013

Una madre, en palabras de esa madre...

Carta, (se escriben muchas cartas que no se envían en estos tiempos), de una madre a su hijo.


Si, ya sé que soy una persona compleja, (¿no lo somos todos, en alguna medida?)
Ya sé que soy extraña, pero creía que estabas preparado para todo lo que soy, dejo de ser, empiezo a ser, vuelvo a ser, no soy, etc. ¡Uf! Tal vez sí sea extraña, más extraña que el común de las personas...

No te asustes. No será tan terrible, creo.

¿Por qué te elegí a ti para contarte acerca de estos sucesos? 
Querrás creer que es porque te sé capaz de entender, a diferencia de tus hermanos, o al  menos, es un rol que te adjudico. A riesgo de cometer un error. Y sería otro... Pero me siento tan segura contigo. 
Permíteme, hijo mío, que así me sienta. Sé paciente.

¿Pasa algo con los teléfonos? También he llamado a tu casa, y nadie atiende. Como verás, hablar contigo se ha convertido en una especie de urgencia. He sido insistente.

¡La comunicación se corta de tantos modos, hijo mío! 
Y cuando se extiende a lo que uno cree es la solución, la tecnología, entonces, aparece una comezón que se asemeja un poquitín a la angustia. Y ahí comienzcan las imaginaciones dañinas y atormentadoras. 
¿Exagero? Ya sabes, es otra de mis cualidades...
Por lo tanto, he comenzado a pensar que mi nuevo aparato falla, o que el tuyo, o que ambos fallan. 
Es más fácil y tranquilizador pensar que el aparato falla y no que estamos dejando de querernos...

Espero alguna respuesta por algún medio ya que me estoy intranquilizando, pues perder tres hijos, (como sabes, serías el tercero), en un mismo año, en menos de seis meses, o tal vez en seis meses, es casi bíblico, como Raquel, que perdió a los siete en un día, pero como no sé si a los otros cuatro los tengo perdidos sin enterarme, y solo falta recibir el fax, mail, sms...o lo que sea. Tú me entiendes...

¿Quién iba a decir que después de tantos años de ser la madre de una persona, esa persona te puede quitar de su vida en unos eternos minutos, con cuatro o cinco frases terminantes?

Sin embargo, la vida te sitúa frente en circunstancias que jamás imaginas posibles. Luego son. ¡Y qué reales son!

Pasan los días y esos momentos no se diluyen. Se agigantan, se abisman. Se expanden. 
La distancia se vuelve un espacio infinito.
                   ...............

Creo, hijo mío, que esta carta tampoco será enviada. Otra más, y van...

No eres mujer, no eres madre, no eres la madre de estos hijos. 
Eres uno de mis hijos. Uno de mis amados hijos.

¿Es que necesito aún que alguien me lo explique?

Aquí, en esta carta muda, que guardaré en algún rincón secreto de esos que hace años me acompañan, quedará el testimonio de este capítulo de mi vida, otra vida de tantas, otro acto de la obra que a cada uno le toca representar.

Antes me tocó ser hija, después, me tocó ser madre. Y luego, dejar de serlo a voluntad y antojo, que razones habrá habido, siempre las hay. 

"Siempre fui mujer.
Tal vez, ya es hora de que vuelva a serlo" (sic)



Esta historia breve la he escuchado no hace mucho tiempo y me ha parecido tan valiosa que he querido compartirla con vosotros.
Sólo ha sufrido las adaptaciones necesarias para ser puesta en texto, que por lo demás, es real.

Como siempre que me siento a escribir, lo hago esperando regalaros algo que lleve una llama beneficiosa a vuestros corazones.




viernes, 21 de junio de 2013

Un día distinto, un día para empezar de nuevo

Amanecía. Me sentí ajena; otra, yo y yo, yo y otra...

Desperté del sueño de una forma extraña.

No podía determinar dónde me encontraba.
Tampoco podía afirmar si estaba completa. Si mi cuerpo estaba todo...
Me sentí aniquilada, rota en pequeños fragmentos dorados, que se dispersaban lentos por el espacio, alejándose... Extraña sensación, pensé, y me palpé casi con miedo. Pero comprobé, con alivio, que no faltaba nada. Suspiré hondo.
Trataré de contaros, amigos míos, este sueño, (pienso que ha sido un sueño), que
 me ha dejado en un estado de extrañamiento que no se ha ido.
Se me han ocurrido muchas y variadas explicaciones para esta experiencia onírica tan llamativa, pero la que más me ha gustado, sin dudarlo, ¡cuándo no!, es la que lo esclarece aplicándolo a las relaciones afectivas, al amor en todas sus formas, a la serenidad y la comprensión, a la armonía y la calma, a la unidad, todo en el amor, con el amor, ese inexplicable sentimiento, (o lo que sea), que hace que nuestras vidas sean dignas de ser vividas. 
Basta de cháchara, y a por lo reflexionado, lo cual deseo que os agrade y os dé la cosquillita que a mí me ha dado.

SUEÑO"De la esfera, dorada, enorme, voluminosa, tangible, esa esfera que me representaba,  no quedaban nada más que innumerable cantidad de pequeñas porciones esparcidas en un interminable, hondo, espacio negro.
Porque para ser nueva para ti, primero tuve que ser nada, para luego serlo todo en ti, contigo, eso fue el estallido de la esfera que me representa, y la ansiedad del abrazo que la integre nuevamente, es la espera de tu envoltura, esa que serás para mí, cuando llegue el momento del abrazo eterno, ese en el que los dos nos haremos uno, para poder ser, luego de ese primer e integrador abrazo, definitivamente quien sí soy, pues hasta ahora he vivido sin saber si alguna vez he sido." 

¡EUREKA!

 DIsquisiciones posteriores.(si se me permiten)

Cuando  he descubierto el significado del sueño, supe que todo eso era la preparación para cuando llegara quien habia venido a tomarme para ponerme en el sitio para el que estuve destinada desde antes de nacer. 
Era todo preparación para ese el amor que tuvo que ser: el amor que sana, que salva, que plenifica, que construye, que hace crecer, que embellece, que da alegría, en fin, qué queréis, ese amor que todos queremos tener. 

¿No creéis vosotros que eso ha sido el sueño?

¿No os da curiosidad de saber si ese amor ha llegado, luego del sueño, alguna vez?
¿O si el sueño sólo ha sido el preludio y aún espero la sinfonía?
¿Habrá otro capítulo para esta serie?
Ya  os veré en otra ocasión, cuando tenga alguna otra cosilla para compartir, amigos míos. 

jueves, 20 de junio de 2013

Carta de una amiga a la otra

 Madres, también mujeres.Te cuento de mi madre y otras cosas.


Hoy tengo ganas de escribirte, recién hoy.
Hace dias que tengo de hospital.
Mi madre y las recaídas. 
Su indecisión de aferrarse a la vida o de fugarse con la muerte. 
Un gran dilema. 
Su bipolaridad es tan marcada y contagiosa como letal. 
La amo. La odio. La compadezco. La extermino con los pensamientos. 
La miro y ahi está... en la camilla, inmóvil, con miedos y angustias en su sangre.
Esos miedos que reptan hasta mí y me trepan...
Los de siempre, ¿recuerdas? Esos.


¿El amor? Mejor. 
Pablo volvió, mostrando su lado humano. (Me pregunto, angustiada, casi en un susurro, si se irá de nuevo pronto) 
¿El? Buscando paz y tranquilidad. 
¿Yo? Respuestas. 
Todo mejor con el pasado. Como coser un matambre.¿Recuerdas lo de los matambres?
Por consecuencia, este presente es más lllevadero y menos pretencioso.(¿?)
Este amor no debe pagar los platos rotos de ese otro amor.
La filosofía empieza a mezclarse con el enamoramiento y la pasión y otros enredos, con olor a camilla y a hospital, que parece atenuarse, un poco, al menos...
¡Que tarea!
Fuerte abrazo.
Siempre.

Cuando alguien despierta, y vive...

Todo dolor cesa, en algún momento, cesa.

Toda alegría cesa, en algún momento, cesa.

Todo momento cesa, ¡es tan poco duradero todo!

Dijo Borges y me hago eco: "Este instante ya es pasado"
.
Secad vuestras lágrimas, sonreíd, y caminad, que la vida os espera con sus innumerables sorpresas. 

Todos tenemos en nuestras manos muchas cosas por hacer, de las buenas.

Cada mañana, abrid vuestros brazos y recibid toda la luz de la bondad que circula constantemente
por el Universo y nos trasciende si lo permitimos y estamos dispuestos a dejarnos transvasar por ella y colmar nuestra vida y comenzar cada vez mejor.

Cada mañana, una intención dulce y un pensamiento lleno de ternura hacia alguien a quien amemos, o a quien simplemente, hayamos visto con una expresión de tristeza, deseémosle en ese instante, una alegría.

¡Cuánto más alegre puede uno vivir si se lo propone! 
Especialmente, si lo hace en su despertar. No bien abre sus ojos, antes de bajar sus dos pies de la cama, en ese momento en que el alma, vuelve de su vagar por quién sabe dónde, pues, ocurre que mientras dormimos, ella, dueña de su andar sin el lastre de todas nuestras terrenales biologías, se explaya, se exterioriza, literalmente, y hace sus "paseos", esos que tanto bien nos hacen... Luego de esta digresión necesaria, vuelvo a lo que os decía, antes de bajar los dos pies de la cama,  pensad de verdad, en estar alegres, con buen humor, sonreid, abrid grandes los ojos, los brazos, las palmas, estiráos, y sonreid. Sonreirse a uno mismo es una muy buena medida matutina, creédmelo. Antes de hacer cualquier otra cosa. Sonreirse a uno mismo. No es tan fácil. Lo veréis.

Compartir con vosotros es mi intención, sólo eso, que no soy consejera, ni chamana, ni maestra de nada;
sólo soy una de vosotros, y, no lo olvidéis, soy mujer, porque, ¿sabéis? también es necesario recordar a diario quién uno es y para qué.

miércoles, 19 de junio de 2013

Carta de una amiga a un amigo

Hay otros amores, 
que surgen entre las almas 
que tienen la dicha de entenderse 
en este mundo de cuerpos deambulantes.
Cuando me dices que me amas como
a tu madre, siento que no sabes qué decir.
No temas incluirnos en otros amores 
que no sean el de madre e hijo; 
hay otros afectos puros, enormes, 
que van más allá de los filiales, 
se perfeccionan  mejor, 
y no existe en ellos la obligación 
ni los deberes de  la sangre.
Entre esas afortunadas uniones 
se encuentra la nuestra, 
quiero pensarlo de esa manera, 
mi queridisimo amigo. 
Somos dos almas, 
que viajan  por espacios similares, 
en esferas similares, que se contactan 
de cuando en cuando, 
cuando orbitan cerca 
y se acarician en su navegar, 
porque se agradan y se complementan.
Gracias por sentirte bien en mi compañía, 
que de rechazados está completo el mundo.
 Te aseguro que es un estallido de colores 
y el  que no conoce este sentimiento
no  entra en ellos. 
Cuando hubo la negrura de algo triste entre nosotros,
se diluyó,se volvió un dorado intenso
y brillante, muy suave como el del ocaso
y como luego del ocaso, vuelve el sol
así cada día sale en nosotros y nos ilumina.
Abrazo de amor del que te hablé
Hasta otro encuentro orbital.

sábado, 15 de junio de 2013

¿Qué pensáis de pensar?

Suele ser muy frecuente pensar por pensar,  en algunos que piensan que pensar es jugar, y en ese accionar divagan, y en el divagar suele suceder que se encuentran verdades no vistas, perdidas en el tiempo de racionales y metódicos momentos de sesuda reflexión.
Cuántas veces, divagando hemos hallado la causa buscada de un intrincado dilema que entorpecía los pasos de nuestra existencia.
Así como así, entre la maleza de los desordenados tropeles de pensamientos, amontonados, buscando espacio entre ellos, a ver quién avanza primero, aparece, allí está, esa era la solución nunca antes vislumbrada. Y en un quítame de allí esas pajas, manos a la obra, el tema se aclara, todo se aclara, y la vida sigue como si nada hubiera ocurrido. 
Y nadie recuerda agradecer al divague, ni siquiera recuerda el divague, que para eso es divague, para esfurmarse en el tiempo...
Cuando deje de ser un divague, dejará de tener la frescura de traer soluciones tan mágicas, pues el secreto está en que esas soluciones mágicas, están escondidas en esos divagues, y de allí nadie puede sacarlas, sólo el que es capaz de detenerse a divagar...y para eso, hay que tener deseos, ocio, tiempo, sueños, imaginación; mirar al cielo, el vuelo de los pájaros, un cuadro; leer poesías, besar unos labios largamente, sin apuro de salida. Ver jugar los niños, y reír con ellos de sus juegos, reír con los ancianos de sus locuras, y ser también un poco locos, aunque sea una vez a la semana.
Divagar, dejar que la mente se adueñe de sus pensamientes y sea libre, que los ponga donde quiera y los desordene y los saque de donde los ordenamos rutinariamente.
Que refresque sus rincones y haga lugar para los nuevos, y les dé jubilación a los que ya están viejos.
¿Qué tal si divagáis para variar? 

viernes, 14 de junio de 2013

La última tarde de Marlene

Así creo que fue la última tarde de la gran Marlene...Su último acto.

   Sabía que estaba vieja; recordaba momentos felices de su vida,   y otros, no tan felices. Como le ocurre a cualquier ser humano, a lo largo de su vida, más o menos. Pero a ella le sucedía algo que era muy distinto a lo de cualquier ser común: ella era su propia estrella y podía valerse de su capacidad interpretativa, para ser la exitosa protagonista de sus recuerdos, arreglándoselas para que sus clímax y desenlaces fueran de su agrado, como una magistral autora y directora de sus propias y espectaculares obras, en las que a la vez, era la suprema protagonista, irremplazable, inimitable, sublime. 
¡Qué placentera emoción sentía cuando pensaba así de sí misma y de su modo de vivir sus experiencias! Nada le quitaba esa satisfacción.

 En su aspecto, esa tarde, se notaba un brillo inusual. Era ella toda, una mujer candente; su apariencia opacaba su entorno, y su rostro aparecía transfigurado. No podía verse su vejez, sólo su brillo. Era un estado milagroso de enajenación de lo humano, de lo senil, de lo natural de los años en lo físico. Era algo intangible e inexplicable. Era ELLA.
Cuando hay algo muy profundo que nace desde el alma, el rostro resplandece, extrañamente, con una belleza sobrenatural, que desde el alma trasciende lo físico, y por este medio, aparece al exterior, en incomparable hermosura. 
Aunque el origen de su placer no fuera lo que se consideraría un “buen pensamiento”, para Marlene lo era. Era la convicción de su poder inagotable, lo cual la llenaba de placer y satisfacción. Otra vez, la llenó aquella sensación  incierta de que aquella tarde era algo muy único y especial... Suspiró hondamente, un cansancio eterno la agobiaba, pero... ¡había sido siempre tan valiente!
¿Si pude tantas veces vencer el miedo, por qué no podría ahora, 
sin nadie que me juzgue?, pensó. Pero enseguida supo, que ella era su juez más exigente, y que no perdonaría, o tal vez...
Sintió que su alma, que hasta esa tarde había estado helada, quieta y muda, cobraba nueva vida, justo cuando ella, estaba perdiendo la suya.
Su alma, ¡ah, su alma! Siempre le había parecido que había un lugar helado en su interior, pero nunca había pensado que era su alma.
Era la hora de las sensaciones, que llegaban en tropel y la avasallaban. 
 Pensó que este día era un día muy especial, que tenía una carga de extrañeza y que era un día del cual no podría desprenderse jamás y que significaría el cambio total en su existencia. O mejor, un cambio final...

Marlene no podía saber, ¿o sí sabía?, que su muerte estaba llegando, de aquel modo en que ella había sido siempre. Una muerte elegante, silenciosa,
Una muerte elegante, silenciosa, lejana, solitaria, discreta, digna, misteriosa, que esperaba, como su vestidora final.
Ella, Marlene, estaba también, esperando, en medio de su jardín, lo que viniera. 
No sabía a ciencia cierta, pero lo presentía, y preparó el recuento de toda su vida, como en una representación ensayada, para entregarse a la muerte como lo que ella era: una estrella que caía surcando el espacio.
Sus últimos momentos, fueron tan gloriosos como había sido su carrera. Plenamente vividos, con certezas y verdades, y valientes confesiones. Por supuesto, todo esto había transcurrido en soledad, sin variar en nada el curso de su existencia y su modo de vivir.
 Ella había querido estar sola, hacer su voluntad y crearse a sí misma como más le había gustado.

La escena y el final.

La tarde agonizaba, la tormenta aumentaba; el gris ennegrecido de las nubes, el aire frío, la amenaza de lluvia, los truenos lejanos, desmentían la presencia del verano de aquel Mayo en París. 
Era un día extraño. La naturaleza acompañaba a la gran Marlene, “Angel Azul”, que hoy partiría a ser definitivamente un ángel, y ya no se sabría de qué color
Marlene se sintió muy débil;  estaba reclinada contra el respaldo de su silla, esa silla que había sido su compañera de todas las tardes en su jardín. Esa silla que ella había arrastrado los últimos tiempos, cada día, para sentarse a mirar las flores y los árboles que la acompañaron todo este tiempo de su vida, y cada día le había costado más, llevarla hasta el jardín y a fuerza de voluntad y empecinamiento, siempre había llegado al mismo lugar, y se había quedado allí por largas horas, hasta emprender de nuevo, el camino de regreso a su casa, con la silla a rastras, tras de sí. Esa imagen de sí misma le hizo sonreír, con orgullo, por lo que consideró, al pensarlo, una hazaña más…
Entonces, se dio cuenta, de que había amado; de que había sido capaz de tener un gran amor: el gran amor de su vida, había sido ella misma, su carrera, su éxito. Había trabajado siempre con pasión para lograrlo, y cada cosa que había hecho, había sido hecha con amor.
 Esta certeza la llenó de serenidad, y una bella luz iluminó su rostro y descansó… y descansó su alma, que antes de irse, le ofrecía la reconciliación con la vida, esa vida que ahora estaba haciendo su último mutis y lo hacía en paz.


Queridos míos, he querido compartir con vosotros este homenaje a la inefable Marlene, con sumo respeto y admiración, (quien me ha susurrado al oído su última tarde, creo)



jueves, 13 de junio de 2013

Algunas historias de enamorados.

¿Qué? ¿Que lo que voy a decir es injusto? Quizá. 
Más de cuatro al leer esto, se verán reflejados, y recordarán con detalles, las escenas que aquí trato de transmitir y comentar, al paso, como a la deriva, por hablar nomás...

A quién no le habrá ocurrido alguna vez, oir en silencio, la llorosa confidencia, o tal vez apasionada, o feliz, o enfurecida, o ciega en sus criterios perdidos en la nube del amor, de un enamorado o enamorada que narra sus desventuras o sus alegrías como si sostuviera una pancarta en una manifestación.

A quién no le habrá ocurrido alguna vez, escuchar, pacientemente, con  curiosidad, o aburrimiento, (si fue la tercera o cuarta vez), la historia de la última rencilla, "que esta vez sería la última, definitivamente, estaba decidido"... ¡Ah! Y no siempre es la mujer la voz cantante de tales afirmaciones. Se oye muy a menudo a los varones, plañideros, (a veces, llorando), contando la horrible injusticia que la "traidora" ha cometido con ellos.
Quién, pues, no habrá estado puesto en la situación de oidor de las quejas, confesiones, confidencias, etc. de alguna de las partes de alguna pareja de enamorados. Son tan elocuentes cuando hablan de "su" amor.. Porque siempre será el único, el verdadero, el irrepetible, el de nadie más, como el de ningún otro, etc. Pero hete aquí que siempre son tan parecidos. O al menos, se parecen sus relatos. Eso debe ser. Sus relatos son similares. Daré ese crédito a sus tragedias partculares. También debo deciros que opino desde mi oreja de mujer, desde mi ser de mujer. 
Escucho tanto a varones como a mujeres, pero ambos son tan similares cuando hablan de estos temas, de sus riñas, de sus desacuerdos, de  sus desencuentros, o de sus encuentros y logros, que también lo hacen.
Mientras tanto, diré, si os interesa saber mi opinión al respecto, que aquel que habla mucho y despotrica contra su pareja y el obrar de éste, es el que menos decidido a abandonarle está y que quien guarda silencio y observa y espera con paciencia, ¡ese es, cuidado, el que tomará la decisión irrevocable! Lo he visto, os lo aseguro. Al menos suele suceder, y no pocas veces, en el caso de la mujer.
 Pondré un ejemplo: cuando ella ya ha tomado la decisión de dejar la relación que le viene dando quejas, se tarda más o menos un año en masticar causas y efectos, y mientras tanto se aguanta una especie de duelo oculto, mordido, hiriente, casi agónico. No habla de ello.
Y luego resurge, con toda sus fuerzas, se vuelve, hermosa, estatuaria, y levanta la espada del final. Y sanseacabó. Y no hay más reclamos. ¿Nunca lo habéis visto? Observad, ya veréis.
Algunos dicen, "le hizo bien dejar a ese tío", otros, "debe andar liada con otro", otras, "vaya a saber en qué estará metida"..., pero nada, ¡es el triunfo! El triunfo sobre su propia debilidad. Nada más que eso... No me parece un gesto pequeño soltar las amarras de un ancla fondeada. 
Vosotros, ¿qué creéis?



miércoles, 12 de junio de 2013

La duda

La duda
Os voy a contar una historia que puede pareceros trivial y hasta conocida, con esto de la Internet…

Una mujer se encontraba acuciada por la duda y la tentación. La duda le producía miles de temores,  la tentación millones de excitantes sensaciones, de prometedoras emociones a ser vividas de concretarse el proyecto en ciernes, los mismos que le generaban  la angustiosa duda… ¡Ay!
El caso comenzó cuando ella recibió por vez primera una carta de amor, que la sorprendió y le causó una enorme incredulidad, (y otras cosillas) por lo vehemente, dado que el emisario era un desconocido y que ella también lo era para él.
Al menos eso creía. Esto también le generaba duda… e inquietud.
Ante la apasionada declaración del hombre, ella se llenó de confusión,  y de un cosquilleo involuntario y persistente que le acompañaba a toda hora, y que se había instalado en todas partes de su humanidad, y  no dejaba ya de pensar en él. En el que ella pensaba el autor de las cartas.
No sabía qué hacer. Por una parte, la seducían las palabras del eximio escritor, (sin duda alguna era un seductor),  y por otra parte le atemorizaba no saber de quién se trataba, y solía pensar, cada vez con mayor frecuencia, que quizá no se tratara de un solo hombre, sino de dos.
Este pensamiento era su verdadero tormento. Y su preocupación, que por significarle un potencial peligro, no le permitía disfrutar las  renovadas “comezones” que las frecuentes misivas, cada vez más atrevidas e interesantes, le causaban.
Pero, volvamos a las preocupaciones.
¿De dónde sacaría la idea del doblete masculino?, os preguntaréis.
Pues , esta mujer había leído, entre otras muchas otras novelas de amor, la historia de Cyrano, aquél narigudo poeta, amador hasta los tuétanos, que vaya si sabía tratar a una mujer, pero que no se animó nunca a mostrar lo que él suponía era la barrera insuperable para ser amado: su fealdad. “¡Vaya tonto!” Esto pensaba la muchacha, cuando leía la obra, pero ahora no lo veía de esta manera.
El rollo que ahora tenía era otro, y era suyo, ya que se le había plantado la idea de que el que le escribía era un deforme, o un enano, o un negro baboso, con una mente de maravillas, y que luego, cuando llegara el momento de las presentaciones, tendría que vérselas con un tremendo bobo carilindo.
¡Ese pues era su terrible temor, y su horrenda duda! Dos hombres, y para peor, que el autor de las cartas fuera horrendo, porque las cartas eran tan, pero tan bellas, que no podía existir un hombre bello que escribiera cartas tan bellas, y “¿¡todo junto!? ¡sería demasiado!”
El dilema era entonces,  ¿qué hacer con el contrahecho?, pues estaba segura de que no querría perdérselo  por nada del mundo.
Entonces, os preguntaréis, ya impacientes, imagino, ¿qué  ha hecho esta mujer? Pues ya veréis. Se ha decidido. Porque ella, ¡ella se había enamorado!
Y se ha lanzado a responder al galanteo con el mismo fervor que le venía manifestando el tal cortejante apasionado, con tan buen tino
Y tanta pasión acumulada detrás de tanta duda, que éste le ha pedido el encuentro tan temido.
¡Qué sustazo!
“¿Y ahora? Pues a vérselas con el jorobado, el contrahecho, el enano, el “sillarueda”, lo que sea, ¡pero que sea el que me escribe de ese modo que me cosquillea por todos lados, pues!”
Eso dijo, eso pensó, eso hizo. Y quedaron una tarde, después de no pocos intentos cobardes de esquivar el temido enfrentamiento de una verdad deseada, desconocida, pero tan acuciante que ya había roto todos los diques de la poca prudencia que a la mujer le quedaba. 
¡Cuando le ha visto!  Se ha quedado tiesa. 
Primera sorpresa importantísima: "¡no eran dos!", fue lo primero que pensó. Luego, absolutamente atontada, se quedó medio muda, medio temblorosa, medio toda lo que era, y se dedicó a disfrutar el resultado de su atrevimiento... 
(Porque, deberéis reconocer que había sido muy valiente)
En menos de lo que canta un gallo, se estaban arrullando, de tal modo, que ha temblado hasta la última estrella de los confines de los mundos desconocidos, (eso nos han contado) y estos dos tórtolos enamorados, siguen escribiendo y sacándole tal fuego a las frases, que en cualquier momento, os lo aseguro, se arma un incendio de tal magnitud, que ni los glaciares del mundo alcanzarán para apagarlo.
De la duda, nada ha quedado, De las cosquillas, todo.

¡Y sensaciones!... pues, ¡a estrenar todos los días!

Y... seguro os habréis preguntado, curiosos, acerca del aspecto del misterioso escritor-amante-espistolar. Pues, ¡claro!
Casi olvido contarles.
Ese hombre, que tantas dudas y fantasías había ocasionado a esta imaginativa mujer, terminó siendo un hermoso ejemplar masculino, con todo lo que se puede esperar de un ejemplar  de este género... Además, irradiaba una extraordinaria luz que acabó de deslumbrar a la ya totalmente seducida y rendida dama.
Ahora, la duda les queda a los  que esta historia han leído:
¿Puede acaso algo así existir? Y si existe, ¿podría alguien darse cuenta como ella, de que hay que arriesgarse a probar?