¿Qué? ¿Que lo que voy a decir es injusto? Quizá.
Más de cuatro al leer esto, se verán reflejados, y recordarán con detalles, las escenas que aquí trato de transmitir y comentar, al paso, como a la deriva, por hablar nomás...
A quién no le habrá ocurrido alguna vez, oir en silencio, la llorosa confidencia, o tal vez apasionada, o feliz, o enfurecida, o ciega en sus criterios perdidos en la nube del amor, de un enamorado o enamorada que narra sus desventuras o sus alegrías como si sostuviera una pancarta en una manifestación.
A quién no le habrá ocurrido alguna vez, escuchar, pacientemente, con curiosidad, o aburrimiento, (si fue la tercera o cuarta vez), la historia de la última rencilla, "que esta vez sería la última, definitivamente, estaba decidido"... ¡Ah! Y no siempre es la mujer la voz cantante de tales afirmaciones. Se oye muy a menudo a los varones, plañideros, (a veces, llorando), contando la horrible injusticia que la "traidora" ha cometido con ellos.
Quién, pues, no habrá estado puesto en la situación de oidor de las quejas, confesiones, confidencias, etc. de alguna de las partes de alguna pareja de enamorados. Son tan elocuentes cuando hablan de "su" amor.. Porque siempre será el único, el verdadero, el irrepetible, el de nadie más, como el de ningún otro, etc. Pero hete aquí que siempre son tan parecidos. O al menos, se parecen sus relatos. Eso debe ser. Sus relatos son similares. Daré ese crédito a sus tragedias partculares. También debo deciros que opino desde mi oreja de mujer, desde mi ser de mujer.
Escucho tanto a varones como a mujeres, pero ambos son tan similares cuando hablan de estos temas, de sus riñas, de sus desacuerdos, de sus desencuentros, o de sus encuentros y logros, que también lo hacen.
Mientras tanto, diré, si os interesa saber mi opinión al respecto, que aquel que habla mucho y despotrica contra su pareja y el obrar de éste, es el que menos decidido a abandonarle está y que quien guarda silencio y observa y espera con paciencia, ¡ese es, cuidado, el que tomará la decisión irrevocable! Lo he visto, os lo aseguro. Al menos suele suceder, y no pocas veces, en el caso de la mujer.
Pondré un ejemplo: cuando ella ya ha tomado la decisión de dejar la relación que le viene dando quejas, se tarda más o menos un año en masticar causas y efectos, y mientras tanto se aguanta una especie de duelo oculto, mordido, hiriente, casi agónico. No habla de ello.
Y luego resurge, con toda sus fuerzas, se vuelve, hermosa, estatuaria, y levanta la espada del final. Y sanseacabó. Y no hay más reclamos. ¿Nunca lo habéis visto? Observad, ya veréis.
Algunos dicen, "le hizo bien dejar a ese tío", otros, "debe andar liada con otro", otras, "vaya a saber en qué estará metida"..., pero nada, ¡es el triunfo! El triunfo sobre su propia debilidad. Nada más que eso... No me parece un gesto pequeño soltar las amarras de un ancla fondeada.
Vosotros, ¿qué creéis?
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