La
duda
Os
voy a contar una historia que puede pareceros trivial y hasta conocida, con
esto de la Internet…
Una
mujer se encontraba acuciada por la duda y la tentación. La duda le producía
miles de temores, la tentación millones
de excitantes sensaciones, de prometedoras emociones a ser vividas de concretarse
el proyecto en ciernes, los mismos que le generaban la angustiosa duda… ¡Ay!
El
caso comenzó cuando ella recibió por vez primera una carta de amor, que la
sorprendió y le causó una enorme incredulidad, (y otras cosillas) por lo
vehemente, dado que el emisario era un desconocido y que ella también lo era
para él.
Al
menos eso creía. Esto también le generaba duda… e inquietud.
Ante
la apasionada declaración del hombre, ella se llenó de confusión, y de un cosquilleo involuntario y persistente que
le acompañaba a toda hora, y que se había instalado en todas partes de su
humanidad, y no dejaba ya de pensar en
él. En el que ella pensaba el autor de las cartas.
No
sabía qué hacer. Por una parte, la seducían las palabras del eximio escritor, (sin
duda alguna era un seductor), y por otra
parte le atemorizaba no saber de quién se trataba, y solía pensar, cada vez con
mayor frecuencia, que quizá no se tratara de un solo hombre, sino de dos.
Este
pensamiento era su verdadero tormento. Y su preocupación, que por significarle
un potencial peligro, no le permitía disfrutar las renovadas “comezones” que las frecuentes
misivas, cada vez más atrevidas e interesantes, le causaban.
Pero,
volvamos a las preocupaciones.
¿De
dónde sacaría la idea del doblete masculino?, os preguntaréis.
Pues
, esta mujer había leído, entre otras muchas otras novelas de amor, la historia
de Cyrano, aquél narigudo poeta, amador hasta los tuétanos, que vaya si sabía
tratar a una mujer, pero que no se animó nunca a mostrar lo que él suponía era
la barrera insuperable para ser amado: su fealdad. “¡Vaya tonto!” Esto pensaba
la muchacha, cuando leía la obra, pero ahora no lo veía de esta manera.
El
rollo que ahora tenía era otro, y era suyo, ya que se le había plantado la idea
de que el que le escribía era un deforme, o un enano, o un negro baboso, con
una mente de maravillas, y que luego, cuando llegara el momento de las
presentaciones, tendría que vérselas con un tremendo bobo carilindo.
¡Ese
pues era su terrible temor, y su horrenda duda! Dos hombres, y para peor, que
el autor de las cartas fuera horrendo, porque las cartas eran tan, pero tan
bellas, que no podía existir un hombre bello que escribiera cartas tan bellas,
y “¿¡todo junto!? ¡sería demasiado!”
El
dilema era entonces, ¿qué hacer con el
contrahecho?, pues estaba segura de que no querría perdérselo por nada del mundo.
Entonces,
os preguntaréis, ya impacientes, imagino, ¿qué
ha hecho
esta mujer? Pues ya veréis. Se ha decidido. Porque ella, ¡ella se había
enamorado!
Y
se ha lanzado a responder al galanteo con el mismo fervor que le venía
manifestando el tal cortejante apasionado, con tan buen tino
Y
tanta pasión acumulada detrás de tanta duda, que éste le ha pedido el encuentro
tan temido.
¡Qué
sustazo!
“¿Y
ahora? Pues a vérselas con el jorobado, el contrahecho, el enano, el “sillarueda”,
lo que sea, ¡pero que sea el que me escribe de ese modo que me cosquillea por
todos lados, pues!”
Eso
dijo, eso pensó, eso hizo. Y quedaron una tarde, después de no pocos intentos cobardes de esquivar el temido enfrentamiento de una verdad deseada, desconocida, pero tan acuciante que ya había roto todos los diques de la poca prudencia que a la mujer le quedaba.
¡Cuando le ha visto! Se ha quedado tiesa.
Primera sorpresa importantísima: "¡no eran dos!", fue lo primero que pensó. Luego, absolutamente atontada, se quedó medio muda, medio temblorosa, medio toda lo que era, y se dedicó a disfrutar el resultado de su atrevimiento...
(Porque, deberéis reconocer que había sido muy valiente)
En menos de lo que canta un gallo, se estaban arrullando, de tal modo, que ha temblado hasta la última estrella de los confines de los mundos desconocidos, (eso nos han contado) y estos dos tórtolos enamorados, siguen escribiendo y sacándole tal fuego a las frases, que en cualquier momento, os lo aseguro, se arma un incendio de tal magnitud, que ni los glaciares del mundo alcanzarán para apagarlo.
¡Cuando le ha visto! Se ha quedado tiesa.
Primera sorpresa importantísima: "¡no eran dos!", fue lo primero que pensó. Luego, absolutamente atontada, se quedó medio muda, medio temblorosa, medio toda lo que era, y se dedicó a disfrutar el resultado de su atrevimiento...
(Porque, deberéis reconocer que había sido muy valiente)
En menos de lo que canta un gallo, se estaban arrullando, de tal modo, que ha temblado hasta la última estrella de los confines de los mundos desconocidos, (eso nos han contado) y estos dos tórtolos enamorados, siguen escribiendo y sacándole tal fuego a las frases, que en cualquier momento, os lo aseguro, se arma un incendio de tal magnitud, que ni los glaciares del mundo alcanzarán para apagarlo.
De
la duda, nada ha quedado, De las cosquillas, todo.
¡Y
sensaciones!... pues, ¡a estrenar todos los días!
Y... seguro os habréis preguntado, curiosos, acerca del aspecto del misterioso escritor-amante-espistolar. Pues, ¡claro!
Casi olvido contarles.
Ese hombre, que tantas dudas y fantasías había ocasionado a esta imaginativa mujer, terminó siendo un hermoso ejemplar masculino, con todo lo que se puede esperar de un ejemplar de este género... Además, irradiaba una extraordinaria luz que acabó de deslumbrar a la ya totalmente seducida y rendida dama.
Ahora, la duda les queda a los que esta historia han leído:
¿Puede acaso algo así existir? Y si existe, ¿podría alguien darse cuenta como ella, de que hay que arriesgarse a probar?
Y... seguro os habréis preguntado, curiosos, acerca del aspecto del misterioso escritor-amante-espistolar. Pues, ¡claro!
Casi olvido contarles.
Ese hombre, que tantas dudas y fantasías había ocasionado a esta imaginativa mujer, terminó siendo un hermoso ejemplar masculino, con todo lo que se puede esperar de un ejemplar de este género... Además, irradiaba una extraordinaria luz que acabó de deslumbrar a la ya totalmente seducida y rendida dama.
Ahora, la duda les queda a los que esta historia han leído:
¿Puede acaso algo así existir? Y si existe, ¿podría alguien darse cuenta como ella, de que hay que arriesgarse a probar?
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