sábado, 22 de junio de 2013

Una madre, en palabras de esa madre...

Carta, (se escriben muchas cartas que no se envían en estos tiempos), de una madre a su hijo.


Si, ya sé que soy una persona compleja, (¿no lo somos todos, en alguna medida?)
Ya sé que soy extraña, pero creía que estabas preparado para todo lo que soy, dejo de ser, empiezo a ser, vuelvo a ser, no soy, etc. ¡Uf! Tal vez sí sea extraña, más extraña que el común de las personas...

No te asustes. No será tan terrible, creo.

¿Por qué te elegí a ti para contarte acerca de estos sucesos? 
Querrás creer que es porque te sé capaz de entender, a diferencia de tus hermanos, o al  menos, es un rol que te adjudico. A riesgo de cometer un error. Y sería otro... Pero me siento tan segura contigo. 
Permíteme, hijo mío, que así me sienta. Sé paciente.

¿Pasa algo con los teléfonos? También he llamado a tu casa, y nadie atiende. Como verás, hablar contigo se ha convertido en una especie de urgencia. He sido insistente.

¡La comunicación se corta de tantos modos, hijo mío! 
Y cuando se extiende a lo que uno cree es la solución, la tecnología, entonces, aparece una comezón que se asemeja un poquitín a la angustia. Y ahí comienzcan las imaginaciones dañinas y atormentadoras. 
¿Exagero? Ya sabes, es otra de mis cualidades...
Por lo tanto, he comenzado a pensar que mi nuevo aparato falla, o que el tuyo, o que ambos fallan. 
Es más fácil y tranquilizador pensar que el aparato falla y no que estamos dejando de querernos...

Espero alguna respuesta por algún medio ya que me estoy intranquilizando, pues perder tres hijos, (como sabes, serías el tercero), en un mismo año, en menos de seis meses, o tal vez en seis meses, es casi bíblico, como Raquel, que perdió a los siete en un día, pero como no sé si a los otros cuatro los tengo perdidos sin enterarme, y solo falta recibir el fax, mail, sms...o lo que sea. Tú me entiendes...

¿Quién iba a decir que después de tantos años de ser la madre de una persona, esa persona te puede quitar de su vida en unos eternos minutos, con cuatro o cinco frases terminantes?

Sin embargo, la vida te sitúa frente en circunstancias que jamás imaginas posibles. Luego son. ¡Y qué reales son!

Pasan los días y esos momentos no se diluyen. Se agigantan, se abisman. Se expanden. 
La distancia se vuelve un espacio infinito.
                   ...............

Creo, hijo mío, que esta carta tampoco será enviada. Otra más, y van...

No eres mujer, no eres madre, no eres la madre de estos hijos. 
Eres uno de mis hijos. Uno de mis amados hijos.

¿Es que necesito aún que alguien me lo explique?

Aquí, en esta carta muda, que guardaré en algún rincón secreto de esos que hace años me acompañan, quedará el testimonio de este capítulo de mi vida, otra vida de tantas, otro acto de la obra que a cada uno le toca representar.

Antes me tocó ser hija, después, me tocó ser madre. Y luego, dejar de serlo a voluntad y antojo, que razones habrá habido, siempre las hay. 

"Siempre fui mujer.
Tal vez, ya es hora de que vuelva a serlo" (sic)



Esta historia breve la he escuchado no hace mucho tiempo y me ha parecido tan valiosa que he querido compartirla con vosotros.
Sólo ha sufrido las adaptaciones necesarias para ser puesta en texto, que por lo demás, es real.

Como siempre que me siento a escribir, lo hago esperando regalaros algo que lleve una llama beneficiosa a vuestros corazones.




No hay comentarios:

Publicar un comentario