La bella durmiente, y su despertar
Estaba dormida, no lo dudo ya más, estuve dormida.
En algunos momentos, pensaba que había estado muerta, pero ahora veo que sólo estuve dormida,
esperando (aunque no tan bella) como aquella niña del bosque dormida por un mal deseo, por un sortilegio maligno en el
que había sido sumergida para quitarla del medio.
No sé cuáles hayan sido las causas por
las cuales este estado me aquejaba, pero sí puedo asegurar que estaba en ese
estado larvático, podría decirse, caprichosamente, por ponerle un nombre que
describa un estado de no estar pero no estar totalmente vivo, sino sólo en
ciernes, sin terminar de hacerse, sin completar su ser… No comparable a nada
más que a la larva de un insecto, metido en su envase frágil, aislado, casi sin
vida, pero esperando una vida que luego será y será bien definida, como debe
ser, en todas las funciones para las que estaba destinado. Y en la naturaleza
este ciclo se cumple paso a paso, a menos que otro proceso natural lo
interrumpa.
O, y aquí vamos, la mano del humano.
O, y aquí vamos, la mano del humano.
Me pregunto y os pregunto, pacientes
oidores de mis disquisiciones, ¿cuántas
veces habrá sido interrumpido mi
proceso desde que comenzó a gestarse mi hueva, mi pupa, mi larva, mi célula?…
No es que piense que no he tenido nada
que ver en estas interrupciones, que seguramente habré interrumpido mi sueño de larva para espiar y
participar de las interrupciones y colaborar con los desaguisados, ¡ah, sí!, ya
lo creo. Colaboré mucho en ello. No voy a quitar ni un ápice de mi responsabilidad
en los hechos. Nada fue arrebatado por
la fuerza, hubo consenso, erróneo, pero consenso al fin.
Hasta que podía ver que me había salido precozmente de la
envoltura, antes de tiempo, en la primavera equivocada, con el clima erróneo,
con un depredador de pico voraz frente a mí, esperando para tragarme de un solo
picotazo. Pero, nunca me tragaba del todo, como veréis...
Para cuando lo notaba, estaba medio
descalabrada, pero alcanzaba lo que de mí restaba, para volver al capullo y
dormir el sueño de la larva, y ahora, decía, ¡ahora es para siempre!…
Con ese propósito in mente, que yo creía
firme e inamovible, me encerraba en mi autoprotección inventada, y esperaba
quedar a salvo de todo peligro externo que implicara algún riesgo para mi
existencia latente, que era lo más seguro que entonces me quedaba. NO SUFRIR.
Se supone que cuando se es larva no se
está vivo del todo, si no se está vivo del todo, no se sufre, si no se sufre es porque uno es una
larva, de modo que el círculo cerraba y yo estaba cómoda.
Pero…
Querréis saber qué sucedió en medio de
este estado de sopor inconsciente, anestesiado, dormido… casi muerto.
Pues que no estaba nada muerto. Nada.
Y hete aquí que ha llegado un alguien,
que fue desprendiendo suavemente las muchas capas en las que cuidadosamente me
había envuelto, con tanta suavidad y cuidado, que no lo creeréis, no me he dado
cuenta, cuando ya estaba de nuevo despierta, y esta vez con los sentidos
agudizados, convertida en un ser completo, tan completo que la metamorfosis me
había llevado a ser parte de otra especie, pues tampoco era ya un insecto, como antes había llegado a sentir que era.
(A diferencia de aquel triste
protagonista del cuento de Kafka. Y también se me ocurre, acerca de ese hombre,
que tal vez fuera mejor para él ser un insecto enorme, que un resto de hombre
perdido tras la esclavitud de un mísero empleo...)
Disculpad, es que, de pronto
he recordado este cuento. Es que todo se relaciona con todo, pues todo nos
atañe.
Como decía, pues como veréis, me
distraigo con facilidad, y ahora sigo con lo que me traía entre letras...
El caso es que
me vi transformada en algo vigoroso, fuerte, exigente, que se bebe la vida a
tragos sin parar a respirar. En una sinfonía a pleno, que resuena en cientos de
armonías y acordes, crescendos, coros, trompetas, timbales y violines, sin
olvidar los chelos que con gravedad acompañan los momentos más conmovedores de
esta nueva vida que estoy experimentando de la mano del avezado “descascarador”
de larvas que me descubrió y ahí nomás empezó su tarea. Con este resultado.
¿Qué opináis vosotros de esta última
salida del capullo?
Parece que esta vez, la metamorfosis ha
sido todo un éxito.
O que la durmiente ha sido despertada por
el despertador adecuado, o que abrió los ojos en el momento correcto. ¡Vaya uno
a saber!
No sé si soy exactamente la bella durmiente, pero sí que soy la ex-durmiente-larva... ¡Y estoy tan despierta!
¿Para qué preguntar?
Mejor me dedico a disfrutar y ¡ya!
Espero que a vosotros les llegue vuestro
descascarador en breve, ese que os
quite lo que cubre vuestro brillo, y así podréis también ocupar vuestro sitio, entre las estrellas, en el espacio
que os espera, que es vuestro y que os merecéis...
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