Hace mucho tiempo que no te encuentro, compañera de mis días.
Me preguntaba si hacía también mucho tiempo que no tenía la sensación de ser mujer.
Hace mucho tiempo que no pensaba, companera de mis días, cómo era transitar por este mundo con esa sensación vigente y empujando en cada acto este ser.
Hace mucho tiempo que no quería, compañera de mis días, ser mujer.
Hace mucho tiempo, mi querida, que había desistido del esfuerzo y declaré en mi interior mi deseo y voluntad de ser un híbrido.
Sí, un híbrido. Parece extraño, pero es una buena sensación mientras dura como tal y se vive como tal, casi sin tropiezos. Casi.
Sucede que en los días terrenales nada parece definitivo, ni siquiera algo tan definitivo como ser un híbrido. Algo que no es ni una cosa ni la otra, algo que no necesita ni debe definirse en ningún rol. O sí, su propio rol, pero a "eso" nadie le presta atención, ni espera nada de él, no se lo juzga, no se lo castiga, no se lo maldice, no se lo desprecia, ni siquiera se lo mira. No es alguien, es algo, y como algo, nada se espera de él.
Pero, y aquí está el pero. No soy un híbrido. No lo soy. ¡Estoy segura! (Siempre lo estuve, pero quise creer que no)
Tuve que despertar de ese pretendido letargo y volver a la realidad, palpable, caliente, urgente, exigente. REAL.
Basta de simular otra vez, queriendo simular que no se simula. Y al final, estar haciendo lo mismo pero, esta vez sin participar, ni ser participado. Querer ser sin ser. Querer estar sin estar.
Puede parecer algo extraño leer o escuchar decir todas estas afirmaciones. Vaguedades parecen. Delirio. Pero luego de haber pasado por todas estas experiencias, es casi sencillo hablar de ellas. Aunque no es para nada sencillo el vivirlas.
Como todo lo demás.
He elegido de nuevo. Ahora quiero volver a ser mujer. Tal vez, si lo pienso bien, nunca dejé de serlo y sólo lo he pretendido, y debo reconocer que he fracasado en el intento, absurdo intento.
Todas mis fibras femeninas vibran como no recuerdo lo haya experimentado antes. ¿A qué se debe que quiera de nuevo entrar a intervenir en el juego extraño de vivir, de arriesgar, de mirar, de curiosear, de intentar? Sí, de intentar. Aunque sufra otra vez. Porque seguro que habré de sufrir. Es el precio inevitable por estar viva y...ser mujer.
Me pregunto, y te pregunto amiga mía, si los varones pueden sentir lo que nosotras sentimos, como nosotras lo hacemos. Si a ellos también les sucede que quieren dejar el mundo y su papel. Si quieren ser híbridos para no sufrir, como yo, como tú. Tal vez sí, tal vez, no. Cómo puedo saberlo, no soy varón. Y disto mucho de ser híbrido. Por lo tanto tampoco sé cómo se siente un híbrido.
No pregunto, si los seres humanos, me intriga si los varones, género masculino, pueden sentir de la forma en que nosotros lo hacemos. O si tienen deseos o reacciones similares a las mías, o a las tuyas.
¿Tú que dices, amiga mía?
Dicen que Tiresias, picado por la curiosidad de saber qué y cómo sienten las mujeres, le pidió a los dioses, quienes se lo concedieron, ser transformado en mujer para tener entonces exactamente las mismas sensaciones que ellas. Cuenta el mito que el ciego volvió asombrado por las sensaciones que había podido exrperimentar siendo mujer. Entonces, cómo se hace para que el varón pueda saber y ser trascendido por la experiencia de la vida, desde el punto de vista femenino y de esa manera, tal vez, entendernos mejor.
Pero, pienso, y pienso mucho en ello, créeme, y pregunto: ¿qué tendríamos que hacer las mujeres para poder comprender el sentir del varón?
En otras ocasiones he expresado mi parecer acerca de los dos roles y en cuál sería la mejor manera de componer el uno junto al otro, esa relación tan completa y compleja que podríamos aspirar a tener, siendo dos sexos tan complementarios. Es extraño, y hasta a veces, me parece ridículo, que no hayamos logrado compatibilizar nuestras apropiadas diferencias para conducirnos mejor en la vida. Aquí voy encontrando la razón por la cual quise volverme un híbrido y el ovillo comienza a desenrollarse. ¡Sabía, amiga mía, que si comenzaba a conversar contigo, iba a lograrlo!
Ante la imposibilidad de componer la tan famosa relación hombre-mujer, decidí, creyendo estar cuerda, volverme un híbrido para no tener que participar más en arreglar semejante entuerto.
Vana pretensión la mía, tanto la una como la otra.
Me pregunto, una vez más, ¿habrá que esperar a Tiresias para que venga a explicar?
O habrá que empezar a hacer algo para mejorar la vida de a dos,
porque parece que, al menos por ahora, el tal Tiresias no volverá.
Además, ¿quién haría caso de él?
¡Con todo lo que hay "para ver"!
Espacio para la reflexión y participación de los que quieran leer, verse reflejados, observar en otras experiencias las similitudes o diferencias en las que la vida nos espeja.
martes, 28 de mayo de 2013
domingo, 26 de mayo de 2013
Blandura
La blandura de mi ser, hoy está agudizada y siento que muy dentro, algo dulce y espeso, me está ganando, y tengo ganas de ser, tan blanda que nada me rompa, pues mi blandura hará que me hundan mil puñales y ninguno me penetre hiriéndome, a causa de mi blandura...
Siento que soy, por ser blanda, indestructible, porque me doblo y vuelvo, me caigo y no quedo en el suelo, pues reboto, suavemente, blandamentey, de nuevo, blandamente, me incorporo.
Pienso que puedo también, ser más blanda, ya que mi blandura no tiene fin, por ser blanda.
Pensamientos blandos, llenos de un suave bienestar, bienestar de algodones mullidos, donde se puede introducir cualquier elemento, duro, afilado, áspero, cortante, puntiagudo, nada podrá afectar este estado.
Dulce estar en blandura: no lo había experimentado antes. ¿Cuál será el próximo? Estos pasos por distintas emociones y experiencias en mis días, me llevan a reflexionar: ¿qué viene ahora? ¿Después?
Siento que soy, por ser blanda, indestructible, porque me doblo y vuelvo, me caigo y no quedo en el suelo, pues reboto, suavemente, blandamentey, de nuevo, blandamente, me incorporo.
Pienso que puedo también, ser más blanda, ya que mi blandura no tiene fin, por ser blanda.
Pensamientos blandos, llenos de un suave bienestar, bienestar de algodones mullidos, donde se puede introducir cualquier elemento, duro, afilado, áspero, cortante, puntiagudo, nada podrá afectar este estado.
Dulce estar en blandura: no lo había experimentado antes. ¿Cuál será el próximo? Estos pasos por distintas emociones y experiencias en mis días, me llevan a reflexionar: ¿qué viene ahora? ¿Después?
La entrega
La sexualidad, fruto del amor, es el canal por donde el alma circula libre hacia su destinatario elegido
Es la calidez que el alma tiene para fluir hacia el amado
Es el alma que encarna para ofrecerse en mil modos infinitos
Es la exclamación externa de la exclamación interna que el alma encuentra para decir cómo se siente
Es la demostración corpórea de lo sutil e incorpóreo, pero que se vuelve tan sutil y delicado en el cuerpo como lo es en el alma.
Es la manifestación suprema del alma, en el amor, que el cuerpo puede transmitir para transportarla desde sus honduras hacia el otro cuerpo.
Es la máxima elocuencia que el alma encuentra para salir de su intimidad y lanzarse a penetrar al otro, en su alma.
Es una manera sublime de brotar y trasladarse hacia su destino, que sólo ha de ser el bienamado.
Es la plenitud del humano cuando de verdad ama, y su concreción sintetiza y engrandece.
Es la máxima ofrenda que de un cuerpo a otro se puede entregar, cuando es con amor y por amor y sólo así.
Es la satisfacción completa de la unión de la parte añorada que llega y se queda y permanece.
Es la propia alma que rebasa la materia, que la transforma, y fluye, despertando a su paso el núcleo de todo lo que compone a un ser humano, y a su paso, todo va con ella y se derrama, ya sin freno alguno, sobre y dentro del amado, en una unión, así, total.
Y me preguntaba entonces, qué es el erotismo y me respondía que es el prólogo, al aria de la ópera, el primer acto de la obra maestra que luego se desarrollará hasta el último acto, el del paroxismo total, y cuyo telón, sólo cae en el final, para volver a levantarse en el nuevo encuentro, en el que todo cada vez será mejor, pues los protagonistas verán crecer y mejorar la obra y serán cada vez más sus mejores intérpretes.
Es la calidez que el alma tiene para fluir hacia el amado
Es el alma que encarna para ofrecerse en mil modos infinitos
Es la exclamación externa de la exclamación interna que el alma encuentra para decir cómo se siente
Es la demostración corpórea de lo sutil e incorpóreo, pero que se vuelve tan sutil y delicado en el cuerpo como lo es en el alma.
Es la manifestación suprema del alma, en el amor, que el cuerpo puede transmitir para transportarla desde sus honduras hacia el otro cuerpo.
Es la máxima elocuencia que el alma encuentra para salir de su intimidad y lanzarse a penetrar al otro, en su alma.
Es una manera sublime de brotar y trasladarse hacia su destino, que sólo ha de ser el bienamado.
Es la plenitud del humano cuando de verdad ama, y su concreción sintetiza y engrandece.
Es la máxima ofrenda que de un cuerpo a otro se puede entregar, cuando es con amor y por amor y sólo así.
Es la satisfacción completa de la unión de la parte añorada que llega y se queda y permanece.
Es la propia alma que rebasa la materia, que la transforma, y fluye, despertando a su paso el núcleo de todo lo que compone a un ser humano, y a su paso, todo va con ella y se derrama, ya sin freno alguno, sobre y dentro del amado, en una unión, así, total.
Y me preguntaba entonces, qué es el erotismo y me respondía que es el prólogo, al aria de la ópera, el primer acto de la obra maestra que luego se desarrollará hasta el último acto, el del paroxismo total, y cuyo telón, sólo cae en el final, para volver a levantarse en el nuevo encuentro, en el que todo cada vez será mejor, pues los protagonistas verán crecer y mejorar la obra y serán cada vez más sus mejores intérpretes.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)