viernes, 30 de agosto de 2013

Otra intimidad, introspección de un mediodía



Otra intimidad, introspección de un mediodía

Convivencia y otras disquisiciones…

Cuando compartimos la mesa con nuestros prójimos, los de siempre, se nos ocurren los más variados pensamientos acerca de ellos, hasta nos parecen los seres más extraños y desconocidos que hayamos observado últimamente, (si es que hemos estado en estos procederes)…
¿No os ha ocurrido que si os detenéis insistentemente en el rostro y las actitudes de alguien, cualquiera, familiar, o conocido de mucho tiempo, o amigo, ya no os parece tan próximo, ni tan conocido, ni tan amigo, sino más bien un ser totalmente ajeno y sospechoso de alguna extraña imaginación que se nos atraviese por la mente en el preciso  instante en que le estemos observando?
Y esta situación se verá agravada por la evidente incomodidad que veremos se apodera del observado en cuestión, ya que hemos olvidado el disimulo durante estos quehaceres...

Aquí se impone una digresión: ¿quién no tiene cadáveres en el placard, y quién no tiene ya tantos espectros que no tiene más que espectros y no puede abrir las puertas para meter otra cosa allí y que no le salten a la cara esos fantasmas?… Yo soy una de esas. De las que no pueden abrir, digo. Ellos me asaltan cada vez que abro las puertas, así es que las dejo bajo doble vuelta de llave. (Debo confesar que las llaves no valen en estos casos)

Hecha la aclaración, válida y pertinente, que creo a todos nos cabe, continúo con mi desvarío de hoy.
¿Qué hacer?
Una opción es comportarse civilizadamente, como es conveniente, dejar de observar y atarse a la conversación con un aire de indiferencia gentil que tranquilice a todos y a uno mismo.
Pero, y hete aquí el problema, si uno insiste en su postura de investigador que toma conciencia de algo nunca antes visto, el asunto empieza a tomar giros inesperados y peligrosos.
Por ejemplo, el observado, se levanta de su lugar, carraspea, mira insistentemente a alguno de los otros comensales menos “observadores”, buscando auxilio, compasión, complicidad, refugio, alguna señal de comprensión, protección, asilo, algo que le haga sentirse acompañado en su difícil postura de acosado sin aparente motivo. Estas conductas le muestran aún más sospechoso, y la aguda e impertinente observación arrecia, volviéndosele insoportable, tanto para el observador como para el observado.
Entonces, es entonces, cuando aparecen visibles las razones por las que nos llamaron la atención ciertas actitudes del individuo en cuestión.
Y el tal individuo da indicios certeros de su comportamiento indebido, cualquiera sea su índole.
Ya vosotros le pondréis nombre y clasificación a lo que vayáis encontrando en vuestras respectivas observaciones…
O, puede sucederos que, ante vuestro inusual comportamiento, dejen de invitaros y os quedéis solos y sin material de experimentos lo cual es una injusticia, pero en este mundo llueven las injusticias y los seres agudos como vosotros y yo, deberemos acostumbrarnos a ellas, si queremos ejercer nuestras condiciones excepcionales…

Y aquí se impone otra reflexión: ¿qué nombre lleva la oposición a la hipocresía? ¿Descortesía? ¿Malos modos? ¿Insolencia? ¿Inadaptación? ¿Demencia? Buscad uno, porque os veréis obligados a llevarlo en vuestras frentes cuando os atreváis a observar lo que nadie quiere ver y nombrar con su nombre real.

Continúo, pues por donde me detuve.
Por lo tanto, habremos de buscar otros espacios donde ejercitar nuestras cualidades, teniendo suma precaución de no despertar la inquietud a nuestro alrededor, ya que en este caso, podría volvérsenos en contra, y llegar hasta la detención ejercida por las fuerzas del orden, teniendo que dar arduas e inútiles explicaciones al oficial de turno del destacamento más cercano de policía al cual fuéramos trasladados por fisgones. Explicaciones en las cuales no podríamos incluir absolutamente ni un detalle de nuestras sombrías sospechas, por no poder aportar la más creíble o valedera prueba.
¡Uf! Qué incómodo todo este momento. De solo imaginarlo, transpiro, empalidezco, me agito…

Hoy, como veis, he tenido esta fantasía de destapar verdades y descubrir juegos ocultos,  luego de un almuerzo familiar muy afectuoso y ameno, inocente y bien llevado, con amabilidades y cortesías en abundancia… pero, hubo cosillas que desentonaban y no pude dejar de verlas.
¿Por qué tiene uno que “ver”?
Tal vez porque hay cosillas que desentonan y que se ven. Y son reales. Y no quieren verse porque incomodan. Y porque demandan compromiso. Y porque habría que decidirse a cambiarlas. Seriamente.
¿Acaso no es mucho más tranquilo y cómodo pasar por la vida sin darse por aludido de nada fuera de lo corriente y superficial, que ya está establecido como “correcto” y socialmente aceptable? Aunque no lo sea.
No. Uno no puede. Y todo se complica. Y no se puede volver al mismo lugar donde uno “vio”. Porque sería uno cómplice. Pues o habla y “blanquea”, o se va y no participa de la mugre que vio.
No hay grises en algunas situaciones. No, al menos para mí.
Ayudadme a pensar. Para eso comparto con vosotros, quien quiera que seáis, estos pensamientos que me atormentan.
Pero no os preocupéis, ya no durarán mucho en mi cabeza, pues seguramente, mañana o esta tarde, a más tardar, encontraré otro tema que despierte mi curiosidad incansable y me ocupe y preocupe y a eso me dedicaré, y por lo tanto, este que ahora comparto con vosotros, pasará a las sombras, ya que está condenado a no ser resuelto. No por mí al menos…

Hace unos días, y para  sentirme honrosamente acompañada en mis disquisiciones, leyendo a Marguerite Yourcenar, encontraba en sus palabras, tan bien expresadas estas ideas de la gran hipocresía que en el lenguaje y los gestos amables, protege y conserva situaciones que de verse descubiertas y puestas a la luz en cruda verdad, no podrían dejarse en su statu quo ni por un mínimo instante más.
Las obras de esta insigne autora a las que hago referencia, son: Memorias de Adriano y Alexis o el tratado del inútil combate. En esta última, en el prólogo hay una larga reflexión acerca de lo que se dice y de lo que se calla. Y en la que menciono antes, se presenta la terrible lucha de los odios callados y de los secretos a voces, todo esto entrelazado en hechos mucho más trascendentes de la vida del protagonista, que es lo que le da tema a la obra.
De leer entre líneas se trata, siempre es así. El mensaje no es claro, está oculto y para ser descifrado por quienes puedan hacerlo.
Y por si todo lo dicho fuera poco, dijo Rabindanah Tagore:”Es fácil hablar claro cuando no va a decirse toda la verdad”.
Entonces, ¿puede decirse que se habla claro?
¿Para qué? Es la gran pregunta que me hago todo el tiempo, mientras trato de NO descifrar tanto mensaje a la vista…
Hasta el próximo divague, amigos del espacio, y antes de despedirme os desafío a que os preguntéis si no os ha pasado ya esto que os he contado, o si no os pasa, tal vez con cierta frecuencia.

Ahora, después de haber leído estas líneas, ¿ya no os sentiréis tan solos ni raros, no?

lunes, 26 de agosto de 2013

La vuelta de un viaje



Reflexiones al regreso de un largo viaje, lejos de casa

Reinicio de la vida luego de un viaje largo que hizo creer que ya no volvería de nuevo a mi vida anterior, esta, la de todos los días parecidos, ya que nunca son iguales.

(La prueba está en esto que estoy escribiendo, que nunca se parece a lo que escribí  otro día, ni el ánimo, ni mi estado, ni mi migraña…)
El caso es que me hice ilusión de que no volvería a mi país, ni a mi antigua casa, ni volvería a ver a mis conocidos nunca más y todo eso me causaba una emoción (o muchas), muy placentera, como nacer de nuevo, como tener otra vida adicional para estrenar, como ser otra persona.
Hete aquí que no fue como lo planeé.
Todo fue muy distinto de lo que imaginé, como nos suele suceder en esta vida terrenal, tan llena de tropiezos y adversidades, sobre todo cuando hacemos planes en los que ponemos ciertas expectativas que tienen que ver con el futuro y cambio total de la trayectoria que ésta viene llevando por años, trayectoria que, por otra parte, nos hemos encargado de trazar con un marcador bien grueso y  potente como para que sea imborrable…
En verdad, os digo que “volver a empezar” mis días anteriores, con lo que conlleva volver a tratar de actuar en las situaciones conocidas, con las personas que rodean nuestra vida desde hace tantos años, es algo bastante difícil y agotador,
¿Cómo lograr sonreír y estar alegres cuando uno estaba dispuesto y preparado para  ser otro y no éste?
Dilema a resolver.
Mientras tanto, caminar la vida pensando cómo actuar no se reduce sólo a eso, uno debe ocuparse de hacer tantas cosas como hacía antes y forzosamente se va viendo enzarzado en las mismas situaciones y volviendo a ser alguien que cada vez se vuelve más parecido al que era antes de viajar. Estas actitudes gritan dentro del cerebro, reclaman  el cambio ¿olvidado?, piden la rebeldía auto prometida y no cumplida. ¿Cómo  conciliar la vuelta a lo anterior con el inevitable cambio que sí se ha producido en el interior de mi persona, en el transcurso de este largo  viaje, en medio de lo que duraron los preparativos, en el tiempo en que estuve sola en los aeropuertos, en las montañas, en otras calles, sin hablar con nadie, escuchando otros idiomas?
¿Cómo conciliar esos tiempos de distancia y de diferencias que se establecen en el interior de la persona e insertar esa misma persona en el molde anterior, cuando esa persona ya no tiene la misma forma y no entra en el molde?
Y para más, no hay manera de que los que estaban, y siguen estando en el lugar que dejó y al que ahora regresa, entiendan  esta situación, ya que se trata de un proceso interno… Inexplicable. Totalmente propio. Profundo. Íntimo.
Es una situación totalmente irreconciliable. Pero a reconciliar.
Difícil,  pero que aguarda la solución que ha de venir de las capacidades con las que los humanos hemos sido dotados para el arte de la convivencia. El arduo arte de la convivencia.
Ah! La convivencia, tema que dará substancia para escribir largamente en otra ocasión. Tal vez, en nuestro próximo encuentro.
Habéis oído una vez más, con gran paciencia, otro retazo de mis confidencias, que son las confidencias de cualquiera que esté pasando por una situación parecida. Estoy convencida de que esta experiencia así, tal y como la he narrado, nos es común a todos los que viajamos por un tiempo prolongado, lejos de casa.

Al menos, creo que nos sucede a los que tenemos la  imaginación exacerbada… Y exageramos las posibilidades que la vida nos da…

domingo, 4 de agosto de 2013

Entre los sueños y las realidades (otro)


Entre otros sueños y más realidades, la mezcla de estas experiecias y sus resultados en quien los vive.

El soñante, que ha visto enredarse su vida en  inexplicable profusión de imágenes oníricas que luego se han trasladado insolentemente ( y de manera muy satisfactoria, hay que reconocerlo), ya que se han vuelto concretas,  palpalbes sensibles, disfrutables en cuerpo y alma, ha dejado de ser la persona que antes fuera, para convertirse en alguien que tiene un horizonte interminable de posibilidades, un horizonte que cada vez que cree cercano, vuelve a alejársele para volvers prometedoramente pleno de novedades.
Dejar entrar los sueños en las realidades ha sido su mejor experiencia de vida, es más, ha sido  como haber nacido a otra forma de vida, totalmente desconocida, con inesperados e inéditos beneficios y una gran cuota diaria de felicidad nunca antes imaginada.

¿Cómo así?, diréis vosotros, intrigadísimos, lo supongo, ¿de qué va todo esto? 
Pues, es que cuando una persona sueña con encontrar el amor, con enamorarse, y con todo el bagaje de estados celestiales que esta situación promete, vive en una disposición especial en la cual se sitúa esperanzadamente a ver cumplirse su sueño.
Este sueño comienza a aparecer en su realidad, cuando alguien le demuestra su enamoramiento, y ese alguien le atrae y también surge desde profundo su propio amor, y este magnífico sentimiento los llena, trascendiéndoles y haciendo que la vida de amobos se transforme, e inicien un camino  que sólo se vive en los sueños.

Diréis que os he hecho trampas. Pues, no lo he hecho. Intentad observar detenidamente a alguien en su forma de proceder hasta antes de enamorarse y observadlo luego de haber entrado en la magnificenica del amor correspondido.
Ya veréis los cambios, y os deslumbraréis  por la luz que estas personas despiden por ser habitas en plenitud por ese sentimiento celestial.
Después me contaréis lo que habéis observado y cuál no será vuestro asombro ante  los cambios.
Si así no hubiere sucedido, pues no habrá sido el AMOR lo que los personajes investigados habrán sentido, sino un sentimiento de atracción pasajero, que pronto se habrá apagado sin dejar rastros.

Hasta cualquier momento, en que, luego de ver algo que desee compartir con vosotros, escribiré como mejor pueda, aquello que me haya quedado, para ponerlo a vuestra disposición y criterio.

Y, a veces, solo para acompañarnos mutuamente...

martes, 30 de julio de 2013

Un sueño y una realidad

Entre un sueño y una realidad, hay una gran distancia.
(Pero desde hace un tiempo, parece que esto no es tan así...)
 

Hace un tiempo que alguien ha venido soñando con un amor extraordinario, pleno, lleno de sucesos inéditos y con sensaciones de placeres incomparables con inefables y satisfactorios despliegues de maravilla de sensualidad y  de completud mental, espriritual, que hasta se podrían describir como experiencias metafísicas por lo extraodinarias y desconocidas hasta ese momento de su vida.


Hace un tiempo que ese mismo ser compara todo lo que sueña con todo lo que vive y no puede creer que los sucesos de su vida real vayan organizándose como al compás de sus sueños...
Y comienza a vivir como si sus sueños se metieran en su vida real o viceversa, como si su vida transcurriera en medio de su sueño.

Y aquí viene la incógnita que os dejaré para que vosotros intentéis develar.
¿Qué os parece que estará sucediendo con esta persona, estará haciendo que su vida se vuelva un sueño, o estará dejando que su sueño intervenga de tal manera en su vida real que éste se está volviendo más real que su propia vida, dándole toda esa magnificencia que parecía sólo ser posible en el sueño? 

No desesperéis, esta es la primera parte del relato de lo que va sucediendo con la persona de quien os estoy hablando, la que sueña y vive y vive y sueña, casi lo mismo...
Hemos de volver a encontrarnos, vosotros, el soñante, y yo.
Para hablar de este mismo tema-sueño-vida-
Hasta pronto. Os lo prometo.

sábado, 20 de julio de 2013

Pensamientos, para cualquiera

No importa quién seáis, acompañadme, si gustáis:


Pensamientos humanos sin género. 
(No importa si sois hombre o mujer)
He estado pensando largamente en estos últimos días, en lo que he estado haciendo estos últimos años de mi vida.
Jugar a la vida, simulando vivir, sin completar siquiera la experiencia de ser por entero lo que uno desea en un solo día, dejando de lado casi siempre, o siempre, lo que realmente se deseaba hacer, reemplazándolo por algo que pasó sin importar, sin dejar rastros, sin consecuencia alguna, sin marca. Momentos vitales desperdiciados…
Sin embargo, luego, casi instantáneamente, llega una luz a mi mente que alumbra mi pensamiento y veo que no ha sido nunca perdido el tiempo, ya que todo ha dejado su huella y su aprendizaje, que tanto de lo bueno como de lo malo, he podido sacar fruto, (cuando he podido y he sabido), de lo hermoso y de lo horrible, de agradable y de lo desquiciante. En fin, de todo lo que haya vivido.
Si es que he podido vivirlo de manera intensa, habrá llegado a lo profundo y entonces el efecto será en lo profundo, del mismo modo. Y hará su efecto imperecedero.
En cada uno estará el trabajo de revertir lo malo y transformarlo en útil para no caer en el error que ha llevado al problema y a la consecuencia, entonces será cuando dejará de ser malo para convertirse en útil y beneficioso.
Lo bueno… pues, cuando viene lo bueno, debería ser siempre un beneficio, pero a veces no lo es, y hasta me atrevería a decir que muchas veces, eso tan bueno, pasa desapercibido y ni siquiera se le capitaliza como es debido por no tener la visión del momento que llega a mejorar la vida, aunque fuera por un instante.
Suele suceder bastante más frecuentemente de lo que se piensa, por eso mismo, por no saber que sucedió de esa manera.
¿Por qué podría pasar esto?
Tal vez, los humanos siempre estemos esperando los malos momentos, las dificultades, los  tropiezos, la infelicidad, en cualquiera de sus formas, y nunca estemos preparados para un buen momento, inesperado, sorpresivo, no bienvenido, por eso mismo, por inesperado, por lo tanto pasa de largo sin disfrute, sin trascender, sin penetrar la hondura del ser que es desde donde luego produce los frutos.
No quiero decir que lo que estoy pensando sea exactamente lo que ocurriría, sino sólo que aparentemente parecería suceder de ese modo.
Por otra parte, cuántas veces deambulamos por caminos aledaños a los que debiéramos recorrer, sin darnos cuenta cuáles son los correctos. O sin verlos. O sin querer verlos.
Las causas son tan diversas como distintos y variados somos los humanos y nuestras innumerables y diarias decisiones.
Entonces, me pregunto y os pregunto en esta conversación de hoy, ¿cuál será el mejor modo de llevar la existencia con más probabilidades de vivirla en plenitud?
En varios de mis escritos anteriores parece estar la respuesta (o las respuestas):
ESTAR Y PERMANECER ENAMORADOS
SONREIRLE A LA VIDA CADA MAÑANA NO BIEN ABRIR LOS OJOS
DESEAR EL BIEN, EL AMOR Y LA ALEGRIA PARA NUESTRAS VIDAS Y PARA LOS DEMAS
ABRAZARNOS Y ABRAZAR
Es mucho pedir, pero es mucho lo que se recibe a cambio.
He divagado, lo he hecho, pero con la mejor de las intenciones, no me lo habréis de negar. Y mirad lo que os tengo como final.

Y, luego de haber escrito todas estas reflexiones para compartirlas con vosotros, que sois mis compañeros de existencia del planeta, y sin pretensiones, me encuentro con las reflexiones que dicen son de un tal William Shakespeare, un escritor, de los que saben escribir, (no como la presente), que decía estas cosas, que no pude dejar de invitaros a leer, junto a mí, y porque las he acogido con gran alegría y gusto. 
Y os deseo lo mismo a vosotros.
Bueno, muy bueno sería que nos pongamos en marcha sin esperar a que la vida nos dé soluciones desde una galera que no existe, con una magia que  únicamente está en el interior de cada uno de nosotros, que sí podemos ser esa galera y transformar los hechos…

Después de haber leído hasta donde gustéis, respirad hondo, sonreíd, y preparaos para una nueva vida. 
Os deseo lo mejor.Con mi mejor sonrisa.

Aquí va, entonces,  pensamientos del gran William:

William Shakespeare decía: 

"Siempre me siento feliz, ¿sabes por qué? 

 Los problemas no son eternos, siempre tienen solución, lo único que no se resuelve es la muerte. No permitas que nadie te insulte, te humille o te baje la autoestima. Los gritos son el alma de los cobardes, de los que no tienen razón. Siempre encontraremos gente que te quiere culpar de sus fracasos, y cada quien tiene lo que se merece. 

Hay que ser fuertes y levantarse de los tropiezos que nos pone la vida, para avisarnos que después de un túnel oscuro y lleno de soledad, vienen cosas muy buenas. “No hay mal que por bien no venga”. 

 Por eso, disfruta la vida que es muy corta, por eso ámala, se feliz y siempre sonríe. Solo vive intensamente para ti y por ti. 

Recuerda: Antes de discutir…respira; antes de hablar…escucha; antes de escribir…piensa; antes de herir…siente; antes de rendirte…intenta; antes de morir…VIVE. 

 La mejor relación no es aquella que une a personas perfectas, sino aquella en que cada individuo aprende a vivir con los defectos de los demás y a admirar sus cualidades. 

Que quien no valora lo que tiene, algún día se lamentará por haber perdido y que quien hace mal algún día recibirá su merecido. Si quieres ser feliz haz feliz a alguien, si quieres recibir, da un poco de ti, rodéate de buenas personas y sé una de ellas. 

Recuerda, a veces de quien menos esperas es quien te hará vivir buenas experiencias ¡Nunca arruines tu presente por un pasado que no tiene futuro! 


Una persona fuerte sabe cómo mantener en orden su vida. Aún con lágrimas en los ojos, se las arregla para decir con una sonrisa “Estoy bien”. 

miércoles, 10 de julio de 2013

Una mentira, nada más...

Una mentira, nada más...
(Historia de una relación epistolar)

Fue suficiente una mentira para terminar con todo, aunque  tanto se había dicho, y tal vez por ello mismo.
Porque una sola mentira  invalidaba todo lo anterior, porque todo había sido hecho en palabras y las palabras habían llenado el espacio, y ahora la palabra que llenaba el espacio era la mentira y ésta borraba por completo lo antes expresado, como una gran bomba atómica borra todo lo que existe en segundos aunque haya llevado siglos construirlo.
Era tan grande lo construido en base a palabras creídas verdades, que una sola mentira bastó para echar abajo toda la enorme estructura y lo elaborado que se había apoyado sobre ella.
Todo había comenzado con un texto leído con mucha atención, y el efecto que éste había hecho en quien lo leía.
En respuesta a lo visto y comprendido, hubo otro escrito y otro y otro, y así se sucedieron innumerables escritos que fueron y vinieron en infinita e incontable cantidad de palabras y frases y párrafos llenos de sentido y significado, mientras fueron verdades claras y confiables.
La relación entre ambos autores se fue fortaleciendo, siempre por medio de sus escritos, hasta hacerse  tan estrecha y fluida, como ninguna otra que hubieran conseguido en sus vidas.
Era sencillamente una relación ideal, perfecta;  sin roces, ni contradicciones,  hermosa, brillante, inteligente, casi una catedral del lenguaje y de la expresión, tan cuidada y exquisita era.
Cada nuevo escrito y comunicación era un texto tan bello y perfectamente hecho, que podía pasar por una joya literaria única, una rara pieza a coleccionar. Tal vez eso fuera lo que aquellos escritores estuvieron haciendo: coleccionando joyas literarias…
Tal vez no eran conscientes de lo que estuvieron haciendo…
Un desafortunado día, (o tal vez era un suceso inevitable en tanta palabra dicha-escrita), uno de ellos mintió, sobre un tema importante, en una de sus afirmaciones, con tan mala suerte, que al volver a mencionar el mismo tema en otra oportunidad, olvidó por completo lo que había afirmado antes,  y dijo algo que era totalmente opuesto a lo antes dicho.
No hubo manera de componer lo descompuesto y la situación se volvió harto incómoda al principio, luego áspera, luego fue un debate desatado, más tarde se transformó en una larga retahíla de acusaciones y reclamos que terminó en una ruptura amarga, con destilada amargura en largas frases de gran estilo, de mucha elaboración sintáctica, de gramática perfecta, pero absolutamente insultantes, descalificadoras y cargadas de terrible e implacable odio.
¿Cómo, os preguntaréis, se puede llegar a estos extremos?  
Pues es muy sencillo, cuanto más se diga en el tono más elevado y solemne, más grande, estrepitosa e indigna será la destrucción que una mentira le proporcionará a dicha construcción dialéctica.
La confianza que se deposita en alguien que penetra profundamente con su discurrir, con un lenguaje que roza el alma, con palabras que tocan el corazón y moldean el cerebro, es tan delicada, que se quiebra  irremisiblemente ante el primer toque irregular que se perciba, y que se habrá de percibir con suma sensibilidad dada la calidad de la comunicación a la que se ha accedido. Por todo esto, una vez roto el hilo delicado de tal relación todo se convertirá en una batalla, y el mismo estilo que antes había servido al trato de excelencia habrá de servir para la herida profunda con la intención del daño hondo.
Pues el daño inferido en este tipo de relación, es hondo, y desde allí, desde ese dolor será la lucha.
Dura e irreconciliable. Y escrita quedará.

Lo cual hace de una probable reconciliación, un imposible, dado lo testimonial  e irrevocable de la escritura…

sábado, 6 de julio de 2013

Espiando el día de una mujer enamorada...

Espiando el día de una mujer enamorada
(con amor correspondido)

Comienza el amanecer y el rostro sonriente de su amado, le da la primera grata emoción de la jornada a la que le seguirán diversas y cuantiosas emociones a cual de todas más excitantes y conmovedoras.
Es un estado tan único y especial, que no tiene comparación con ningún otro que pueda acontecer al humano. Es específicamente estado de enamoramiento, como la palabra apropiadamente lo indica, estar inmerso en el amor, y es algo inefable, así que veré cómo me las arreglo para expresar algo que explique este estado para compartirlo con vosotros, queridos compañeros de la vida.

Ella, (y él también, os lo aseguro), vive pendiente de su amado, en pensamiento, palabra, acto, que transcurra en su día. 
En todo momento y lugar, la presencia amada estará con ella, y muchas veces, pasará momentos bochornosos por quedar completamente fuera de contexto, y tener que preguntar, (con tremenda cara de boba), “Qué cosa dicen”, pues estuvo absolutamente desconectada de lo que se había estado diciendo, hablando o haciendo a su alrededor, y que no estaba nada relacionado con  lo que estaba pasando en su interior…

En otras ocasiones, le pasará que cruce la calzada sin ver y que un automóvil le roce por detrás o por delante, con los consiguientes bocinazos e insultos, despertándola de su encantamiento, sin conseguir quitarla de allí, pues al instante, y una vez instalada en la acera, seguirá en el éxtasis, como si no hubiera habido tal peligrosa interrupción.

A veces, olvidará el almuerzo, otras, éste se le carbonizará ante sus propios ojos, y sólo se percatará de ello cuando vea que la nube que la envuelve va acompañada de un fuerte olor a quemado y ya ha dejado de ser  la hermosa nube del  amor con la que estaba soñando despierta,  mientras revolvía, inútilmente, una cacerola seca desde hacía varios minutos.

En fin, habrá otros momentos, menos domésticos, más etéreos, si queréis, más poéticos, por ejemplo, cuando escuche, al amanecer, cantar los pájaros a través de su ventana, y los imagine hablando de su amor y sus planes para construir su nido y vivir felices y enamorados, volando por los aires, llevados por la felicidad de su amor. Y piensa que por eso cantan con tanta alegría y belleza y con ello se regocija.

¿Qué os había dicho? Es un estado muy especial. Todo lo embellece y lo vuelve distinto. El mundo se ve de otro modo. Tiene otros colores. Otros significados. La vida toma otros caminos, otro sentido. Otras razones para ser vivida. Todo pasa a formar parte del color del amor que se ha hecho carne en los enamorados y los ha transformado en amantes permanentes. Es por eso que aman todo.

El enamoramiento alcanza para todos. Se distribuye para todas partes por donde circulan los enamorados, ¿os habéis dado cuenta?
Ella, (y él, seguro que es así, no soy hombre) siente que puede abarcarlo todo en su amor, el Universo cabe en su vida. Todo lo abraza y pasa a formar parte de su SER.

(Podría seguir una larga lista de distintos procesos por los que atraviesa la mujer encantada-enamorada en un día de su vida,  pero terminaría aburriendo a las que estéis enamoradas y entristeciendo a las que no lo estéis), creo.

Y luego, pienso:
¡Qué maravilloso e inconmensurable estado para ser experimentado dentro de la pequeñez del ser humano!
Es como atisbar la divinidad.
Tal vez haya sido un toque de compasión que los dioses quisieron tener con los pobres humanos, y entonces, les mandaron al travieso y encantador Eros, que tanto bien hace.

¿No os parece?

domingo, 30 de junio de 2013

Reflexiones sin respuesta

 Quitar de mi pecho este amor, vana ilusión que me  ha de llevar la vida en el intento que no lograré cumplir y mientras me desgarraré penando inútilmente en pos de conseguirlo.
Sería como arrancar mi corazón en vida y continuar sin él, caminar como zombie, como yerta, como inanimada, y así estaría.
  
Pretender seguir viviendo de ese modo, me parece inútil, tonto además de imposible, o tal vez lo lograra, pero ¿de qué serviría esta vida arrastrada de esa manera? Deberé tratar, ¿cómo?, no sé.

Sin él,seguir luchando, trabajando, ¡no tiene gracia despertar sin saber que él está, en alguna parte está! ¡Qué locura! 

Ni siquiera sé dónde se halla, pero que me baste saber que está en alguna parte, como aquella amante que escribía, incansable, cartas diarias a su amado, creyéndolo vivo, y éste, mientras tanto, años llevaba muerto. 
Ella vivió de esas cartas no respondidas, hasta que lo supo muerto, cuando esto sucedió, al poco tiempo, murió de tristeza.

Quitar de mi pecho este amor, como si fuera una mancha de la camiseta, del mantel, de la sudadera, ah!,¿ qué estoy pensando?... ¡Si fuera tan sencillo!...
No estaría escribiendo todo esto.

Sería como tratar de impedir  mi respiración, vivir sin los pulmones, y ahora que lo escribo y lo leo, pienso, ¡será tan terrible vivir sin él!
Será como intentar vivir sin aire. Tan imposible de lograr.
¿Y pretender seguir viviendo, cómo, entonces?

Como si fuera posible.

 Vivir sin ilusiones, sin mañanas alegres, sin planes acompañados, sin sonrisas cómplices.
Sin recuerdos en común, sin vernos y abrazarnos dando vueltas hasta quedar agotados, y separarnos para besarnos, y tomados de la mano, caminar unos pasos y volver a abrazarnos, y luego de las primeras emociones, sin palabras, volver al aire, y hablar, preguntando a tropezones, el uno al otro por los momentos vividos mientras estuvimos ausentes el uno del otro…

¡Ah! Pero si parecen tonteras, y qué importantes se vuelven cuando no están más.

Decid vosotros, cómo se hace para recomenzar la vida cuando uno pierde el amor, ese que se llama amor, ¡porque es amor!

Ese que no tiene explicaciones, que  invade todo sin invadir nada, que todo lo llena y sin embargo siempre está pidiendo más, que os tiene presos y jamás os habéis sentido más libres.
Ese que os vuelve un héroe y un cobarde al mismo tiempo. Eso, que no podéis decir de dónde procede ni por qué vino, ni cómo empezó. ESE.


Ahora, decidme, ¿cómo se vive sin ESO luego de haber conocido qué y cómo es?

miércoles, 26 de junio de 2013

¿La bella durmiente? ¿Una larva?

La bella durmiente, y su despertar

Estaba dormida, no  lo dudo ya más, estuve dormida. 
En algunos momentos, pensaba que había estado muerta, pero ahora veo que sólo estuve dormida, esperando (aunque no tan bella) como aquella niña del bosque dormida por  un mal deseo, por un sortilegio maligno en el que había sido sumergida para quitarla del medio.
No sé cuáles hayan sido las causas por las cuales este estado me aquejaba, pero sí puedo asegurar que estaba en ese estado larvático, podría decirse, caprichosamente, por ponerle un nombre que describa un estado de no estar pero no estar totalmente vivo, sino sólo en ciernes, sin terminar de hacerse, sin completar su ser… No comparable a nada más que a la larva de un insecto, metido en su envase frágil, aislado, casi sin vida, pero esperando una vida que luego será y será bien definida, como debe ser, en todas las funciones para las que estaba destinado. Y en la naturaleza este ciclo se cumple paso a paso, a menos que otro proceso natural lo interrumpa. 
O, y aquí vamos, la mano del humano.

Me pregunto y os pregunto, pacientes oidores de mis disquisiciones, ¿cuántas  veces habrá  sido interrumpido mi proceso desde que comenzó a gestarse mi hueva, mi pupa, mi larva, mi célula?…
No es que piense que no he tenido nada que ver en estas interrupciones, que seguramente habré  interrumpido mi sueño de larva para espiar y participar de las interrupciones y colaborar con los desaguisados, ¡ah, sí!, ya lo creo. Colaboré mucho en ello. No voy a quitar ni un ápice de mi responsabilidad en los hechos.  Nada fue arrebatado por la fuerza, hubo consenso, erróneo, pero consenso al fin.
Hasta que podía ver  que me había salido precozmente de la envoltura, antes de tiempo, en la primavera equivocada, con el clima erróneo, con un depredador de pico voraz frente a mí, esperando para tragarme de un solo picotazo. Pero, nunca me tragaba del todo, como veréis...

Para cuando lo notaba, estaba medio descalabrada, pero alcanzaba lo que de mí restaba, para volver al capullo y dormir el sueño de la larva,  y ahora, decía, ¡ahora es para siempre!…

Con ese propósito in mente, que yo creía firme e inamovible, me encerraba en mi autoprotección inventada, y esperaba quedar a salvo de todo peligro externo que implicara algún riesgo para mi existencia latente, que era lo más seguro que entonces me quedaba. NO SUFRIR.

Se supone que cuando se es larva no se está vivo del todo, si no se está vivo del todo, no se sufre, si no se sufre es porque uno es una larva, de modo que el círculo cerraba y yo estaba cómoda.

Pero…

Querréis saber qué sucedió en medio de este estado de sopor inconsciente, anestesiado, dormido… casi muerto.
Pues que no estaba nada muerto. Nada.

Y hete aquí que ha llegado un alguien, que fue desprendiendo suavemente las muchas capas en las que cuidadosamente me había envuelto, con tanta suavidad y cuidado, que no lo creeréis, no me he dado cuenta, cuando ya estaba de nuevo despierta, y esta vez con los sentidos agudizados, convertida en un ser completo, tan completo que la metamorfosis me había llevado a ser parte de otra especie, pues tampoco era ya un  insecto, como antes había llegado a sentir que era.

(A diferencia de aquel triste protagonista del cuento de Kafka. Y también se me ocurre, acerca de ese hombre, que tal vez fuera mejor para él ser un insecto enorme, que un resto de hombre perdido tras la esclavitud de un mísero empleo...) 
Disculpad, es que, de pronto he recordado este cuento. Es que todo se relaciona con todo, pues todo nos atañe.

Como decía, pues como veréis, me distraigo con facilidad, y ahora sigo con lo que me traía entre letras...
  
El caso es que me vi transformada en algo vigoroso, fuerte, exigente, que se bebe la vida a tragos sin parar a respirar. En una sinfonía a pleno, que resuena en cientos de armonías y acordes, crescendos, coros, trompetas, timbales y violines, sin olvidar los chelos que con gravedad acompañan los momentos más conmovedores de esta nueva vida que estoy experimentando de la mano del avezado “descascarador” de larvas que me descubrió y ahí nomás empezó su tarea. Con este resultado.

¿Qué opináis vosotros de esta última salida del capullo?
Parece que esta vez, la metamorfosis ha sido todo un éxito.
O que la durmiente ha sido despertada por el despertador adecuado, o que abrió los ojos en el momento correcto. ¡Vaya uno a saber! 
No sé si soy exactamente la bella durmiente, pero sí que soy la ex-durmiente-larva... ¡Y estoy tan despierta!

  
¿Para qué preguntar?
Mejor me dedico a disfrutar y ¡ya!


Espero que a vosotros les llegue vuestro descascarador en breve, ese  que os quite lo que cubre vuestro brillo, y así podréis  también ocupar vuestro sitio, entre las estrellas, en el espacio que os espera, que es vuestro y que os merecéis...

domingo, 23 de junio de 2013

¿Una historia más?

 Recuerdo el relato de mi madre, cuando te vio, al abrir la puerta:

Diecisiete años, pequeñita, delgadísima, sin abrigo, despeinada, carita desahuciada, ojos llorosos, celestes, enormes, asombrados, no entendías qué estaba sucediento, qué había sucedido.

Todo había empezado cuando le dijiste a tu padre que amabas a Luis y  que iban a casarse.
Ahí se desató la furia. Furia como pocas, Nunca antes vista. Desenfreno. Intransigencia. Insultos. Incomprensión. Intolerancia. Imposible dialogar. Imposible cualquier intento de entendimiento entre ustedes, padre e hija.
Hasta ese momento,  pues de allí en más no fuiste más su hija.
Te despidió de su casa, sin ambages, sin darte tiempo a nada.
Te insultó y  te gritó las cosas más horribles.

Corriste, corriste, corriste. Kilómetros, sin ver nada más que tu interior que tenía como único contenido un nombre: Luis.

 Y corriste, sólo para poner distancia. Distancia entre tú y lo que habías decidido para tu vida.  Distancia entre lo que se atrevía a intentar poner distancia entre Luis y tú.
Corriste sin parar. No podías detenerte. Corrías para salvar tu amor, tu vida, y las dos cosas eran lo mismo. Y así, llegaste a casa de mis padres.

Y lo lograste.
Conseguiste lo que buscaste: salvaste tu vida salvando tu amor.

¿De dónde obtiene uno el aliento cuando ocurren estas cosas, me pregunto?
Pero, continúo.

Cuando llegaste a la casa de mi familia, golpeaste con la desesperación que te acompañaba, pero con la fuerza del amor que te dio la fuerza para la hazaña.
Te ayudaron, te cobijaron, pero el esfuerzo, el coraje, el reclamo, la lucha, todo fue tu tarea, tu obra.
Esa hazaña que hoy cumple 70 años.

Porque lo tuyo fue una hazaña. Una hazaña de amor. Que hoy continúa y sigue tan viva en ti y en Luis, como el primer día, pero más perfecta, expandida, extendida en cientos de días llenos de afecto, demostrado mutuamente, pleno, a conciencia, con placer. A sabiendas de que lo que tanto había costado tenía para los dos, ese valor incalculable que ambos supieron y pudieron disfrutar y apreciar, afortunadamente.

Hoy, Sara, tiene 87 años, y su esposo, quien la acompaña, como siempre, lleva vividos 95. Hace siete décadas que están juntos y se aman. Ambos están lúcidos.

Hoy, quise que vosotros supieráis también de estos seres excepcionales que merecen ser noticia.

Hace unos días, si queréis que os lo cuente, he presenciado una bellísima y sentida declaración del esposo, quien, conmovido, y tomando de las manos a su mujer, le dijo:

"Sara, eres lo más hermoso que he tenido en mi vida. Mil veces naciera, mil veces te elegiría. Gracias"
Ella, bajó sus ojos, y dijo, "¿Ahora? ¡Ahora ya soy fea!..."
Ambos se abrazaron.


Tú, Sara, eres uno  de mis ejemplos.
Cada vez que no sé qué hacer, recuerdo lo que hiciste, y trato de perseguir mi sueño, como tú lo hiciste, con firmeza, con fuerza, con decisión. Con amor.

¿No os ha parecido que esta historia, por real de cabo a rabo, es de una fuerza que cala el alma?

Vosotros podéis creerla o podéis dudar. Estáis en vuestro derecho.
¿Yo? Yo tengo la dicha de haber conocido la historia y a sus protagonistas, y de verlos aún. Juntos.

Para Sara y Luis.

sábado, 22 de junio de 2013

Una madre, en palabras de esa madre...

Carta, (se escriben muchas cartas que no se envían en estos tiempos), de una madre a su hijo.


Si, ya sé que soy una persona compleja, (¿no lo somos todos, en alguna medida?)
Ya sé que soy extraña, pero creía que estabas preparado para todo lo que soy, dejo de ser, empiezo a ser, vuelvo a ser, no soy, etc. ¡Uf! Tal vez sí sea extraña, más extraña que el común de las personas...

No te asustes. No será tan terrible, creo.

¿Por qué te elegí a ti para contarte acerca de estos sucesos? 
Querrás creer que es porque te sé capaz de entender, a diferencia de tus hermanos, o al  menos, es un rol que te adjudico. A riesgo de cometer un error. Y sería otro... Pero me siento tan segura contigo. 
Permíteme, hijo mío, que así me sienta. Sé paciente.

¿Pasa algo con los teléfonos? También he llamado a tu casa, y nadie atiende. Como verás, hablar contigo se ha convertido en una especie de urgencia. He sido insistente.

¡La comunicación se corta de tantos modos, hijo mío! 
Y cuando se extiende a lo que uno cree es la solución, la tecnología, entonces, aparece una comezón que se asemeja un poquitín a la angustia. Y ahí comienzcan las imaginaciones dañinas y atormentadoras. 
¿Exagero? Ya sabes, es otra de mis cualidades...
Por lo tanto, he comenzado a pensar que mi nuevo aparato falla, o que el tuyo, o que ambos fallan. 
Es más fácil y tranquilizador pensar que el aparato falla y no que estamos dejando de querernos...

Espero alguna respuesta por algún medio ya que me estoy intranquilizando, pues perder tres hijos, (como sabes, serías el tercero), en un mismo año, en menos de seis meses, o tal vez en seis meses, es casi bíblico, como Raquel, que perdió a los siete en un día, pero como no sé si a los otros cuatro los tengo perdidos sin enterarme, y solo falta recibir el fax, mail, sms...o lo que sea. Tú me entiendes...

¿Quién iba a decir que después de tantos años de ser la madre de una persona, esa persona te puede quitar de su vida en unos eternos minutos, con cuatro o cinco frases terminantes?

Sin embargo, la vida te sitúa frente en circunstancias que jamás imaginas posibles. Luego son. ¡Y qué reales son!

Pasan los días y esos momentos no se diluyen. Se agigantan, se abisman. Se expanden. 
La distancia se vuelve un espacio infinito.
                   ...............

Creo, hijo mío, que esta carta tampoco será enviada. Otra más, y van...

No eres mujer, no eres madre, no eres la madre de estos hijos. 
Eres uno de mis hijos. Uno de mis amados hijos.

¿Es que necesito aún que alguien me lo explique?

Aquí, en esta carta muda, que guardaré en algún rincón secreto de esos que hace años me acompañan, quedará el testimonio de este capítulo de mi vida, otra vida de tantas, otro acto de la obra que a cada uno le toca representar.

Antes me tocó ser hija, después, me tocó ser madre. Y luego, dejar de serlo a voluntad y antojo, que razones habrá habido, siempre las hay. 

"Siempre fui mujer.
Tal vez, ya es hora de que vuelva a serlo" (sic)



Esta historia breve la he escuchado no hace mucho tiempo y me ha parecido tan valiosa que he querido compartirla con vosotros.
Sólo ha sufrido las adaptaciones necesarias para ser puesta en texto, que por lo demás, es real.

Como siempre que me siento a escribir, lo hago esperando regalaros algo que lleve una llama beneficiosa a vuestros corazones.