lunes, 26 de agosto de 2013

La vuelta de un viaje



Reflexiones al regreso de un largo viaje, lejos de casa

Reinicio de la vida luego de un viaje largo que hizo creer que ya no volvería de nuevo a mi vida anterior, esta, la de todos los días parecidos, ya que nunca son iguales.

(La prueba está en esto que estoy escribiendo, que nunca se parece a lo que escribí  otro día, ni el ánimo, ni mi estado, ni mi migraña…)
El caso es que me hice ilusión de que no volvería a mi país, ni a mi antigua casa, ni volvería a ver a mis conocidos nunca más y todo eso me causaba una emoción (o muchas), muy placentera, como nacer de nuevo, como tener otra vida adicional para estrenar, como ser otra persona.
Hete aquí que no fue como lo planeé.
Todo fue muy distinto de lo que imaginé, como nos suele suceder en esta vida terrenal, tan llena de tropiezos y adversidades, sobre todo cuando hacemos planes en los que ponemos ciertas expectativas que tienen que ver con el futuro y cambio total de la trayectoria que ésta viene llevando por años, trayectoria que, por otra parte, nos hemos encargado de trazar con un marcador bien grueso y  potente como para que sea imborrable…
En verdad, os digo que “volver a empezar” mis días anteriores, con lo que conlleva volver a tratar de actuar en las situaciones conocidas, con las personas que rodean nuestra vida desde hace tantos años, es algo bastante difícil y agotador,
¿Cómo lograr sonreír y estar alegres cuando uno estaba dispuesto y preparado para  ser otro y no éste?
Dilema a resolver.
Mientras tanto, caminar la vida pensando cómo actuar no se reduce sólo a eso, uno debe ocuparse de hacer tantas cosas como hacía antes y forzosamente se va viendo enzarzado en las mismas situaciones y volviendo a ser alguien que cada vez se vuelve más parecido al que era antes de viajar. Estas actitudes gritan dentro del cerebro, reclaman  el cambio ¿olvidado?, piden la rebeldía auto prometida y no cumplida. ¿Cómo  conciliar la vuelta a lo anterior con el inevitable cambio que sí se ha producido en el interior de mi persona, en el transcurso de este largo  viaje, en medio de lo que duraron los preparativos, en el tiempo en que estuve sola en los aeropuertos, en las montañas, en otras calles, sin hablar con nadie, escuchando otros idiomas?
¿Cómo conciliar esos tiempos de distancia y de diferencias que se establecen en el interior de la persona e insertar esa misma persona en el molde anterior, cuando esa persona ya no tiene la misma forma y no entra en el molde?
Y para más, no hay manera de que los que estaban, y siguen estando en el lugar que dejó y al que ahora regresa, entiendan  esta situación, ya que se trata de un proceso interno… Inexplicable. Totalmente propio. Profundo. Íntimo.
Es una situación totalmente irreconciliable. Pero a reconciliar.
Difícil,  pero que aguarda la solución que ha de venir de las capacidades con las que los humanos hemos sido dotados para el arte de la convivencia. El arduo arte de la convivencia.
Ah! La convivencia, tema que dará substancia para escribir largamente en otra ocasión. Tal vez, en nuestro próximo encuentro.
Habéis oído una vez más, con gran paciencia, otro retazo de mis confidencias, que son las confidencias de cualquiera que esté pasando por una situación parecida. Estoy convencida de que esta experiencia así, tal y como la he narrado, nos es común a todos los que viajamos por un tiempo prolongado, lejos de casa.

Al menos, creo que nos sucede a los que tenemos la  imaginación exacerbada… Y exageramos las posibilidades que la vida nos da…

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