Espiando el día de una mujer enamorada
(con amor correspondido)
Comienza el amanecer y el rostro sonriente de su amado, le
da la primera grata emoción de la jornada a la que le seguirán diversas y
cuantiosas emociones a cual de todas más excitantes y conmovedoras.
Es un estado tan único y especial, que no tiene comparación
con ningún otro que pueda acontecer al humano. Es específicamente estado de
enamoramiento, como la palabra apropiadamente lo indica, estar inmerso en el
amor, y es algo inefable, así que veré cómo me las arreglo para expresar
algo que explique este estado para compartirlo con vosotros, queridos
compañeros de la vida.
Ella, (y él también, os lo aseguro), vive pendiente de su
amado, en pensamiento, palabra, acto, que transcurra en su día.
En todo momento
y lugar, la presencia amada estará con ella, y muchas veces, pasará momentos
bochornosos por quedar completamente fuera de contexto, y tener que preguntar,
(con tremenda cara de boba), “Qué cosa dicen”, pues estuvo absolutamente
desconectada de lo que se había estado diciendo, hablando o haciendo a su
alrededor, y que no estaba nada relacionado con
lo que estaba pasando en su interior…
En otras ocasiones, le pasará que cruce la calzada sin ver
y que un automóvil le roce por detrás o por delante, con los consiguientes
bocinazos e insultos, despertándola de su encantamiento, sin conseguir quitarla
de allí, pues al instante, y una vez instalada en la acera, seguirá en el éxtasis,
como si no hubiera habido tal peligrosa interrupción.
A veces, olvidará el almuerzo, otras, éste se le carbonizará
ante sus propios ojos, y sólo se percatará de ello cuando vea que la nube que
la envuelve va acompañada de un fuerte olor a quemado y ya ha dejado de
ser la hermosa nube del amor con la que estaba soñando
despierta, mientras revolvía,
inútilmente, una cacerola seca desde hacía varios minutos.
En fin, habrá otros momentos, menos domésticos, más
etéreos, si queréis, más poéticos, por ejemplo, cuando escuche, al amanecer,
cantar los pájaros a través de su ventana, y los imagine hablando de su amor y
sus planes para construir su nido y vivir felices y enamorados, volando por los
aires, llevados por la felicidad de su amor. Y piensa que por eso cantan con
tanta alegría y belleza y con ello se regocija.
¿Qué os había dicho? Es un estado muy especial. Todo lo
embellece y lo vuelve distinto. El mundo se ve de otro modo. Tiene otros
colores. Otros significados. La vida toma otros caminos, otro sentido. Otras
razones para ser vivida. Todo pasa a formar parte del color del amor que se ha
hecho carne en los enamorados y los ha transformado en amantes permanentes. Es por eso que aman
todo.
El enamoramiento alcanza para todos. Se distribuye para
todas partes por donde circulan los enamorados, ¿os habéis dado cuenta?
Ella, (y él, seguro que es así, no soy hombre) siente que
puede abarcarlo todo en su amor, el Universo cabe en su vida. Todo lo abraza y
pasa a formar parte de su SER.
(Podría seguir una larga lista de distintos procesos por
los que atraviesa la mujer encantada-enamorada en un día de su vida, pero terminaría aburriendo a las que estéis
enamoradas y entristeciendo a las que no lo estéis), creo.
Y luego, pienso:
¡Qué maravilloso e inconmensurable estado para ser
experimentado dentro de la pequeñez del ser humano!
Es como atisbar la divinidad.
Tal vez haya sido un toque de compasión que los dioses
quisieron tener con los pobres humanos, y entonces, les mandaron al travieso y
encantador Eros, que tanto bien hace.
¿No os parece?
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