jueves, 20 de junio de 2013

Cuando alguien despierta, y vive...

Todo dolor cesa, en algún momento, cesa.

Toda alegría cesa, en algún momento, cesa.

Todo momento cesa, ¡es tan poco duradero todo!

Dijo Borges y me hago eco: "Este instante ya es pasado"
.
Secad vuestras lágrimas, sonreíd, y caminad, que la vida os espera con sus innumerables sorpresas. 

Todos tenemos en nuestras manos muchas cosas por hacer, de las buenas.

Cada mañana, abrid vuestros brazos y recibid toda la luz de la bondad que circula constantemente
por el Universo y nos trasciende si lo permitimos y estamos dispuestos a dejarnos transvasar por ella y colmar nuestra vida y comenzar cada vez mejor.

Cada mañana, una intención dulce y un pensamiento lleno de ternura hacia alguien a quien amemos, o a quien simplemente, hayamos visto con una expresión de tristeza, deseémosle en ese instante, una alegría.

¡Cuánto más alegre puede uno vivir si se lo propone! 
Especialmente, si lo hace en su despertar. No bien abre sus ojos, antes de bajar sus dos pies de la cama, en ese momento en que el alma, vuelve de su vagar por quién sabe dónde, pues, ocurre que mientras dormimos, ella, dueña de su andar sin el lastre de todas nuestras terrenales biologías, se explaya, se exterioriza, literalmente, y hace sus "paseos", esos que tanto bien nos hacen... Luego de esta digresión necesaria, vuelvo a lo que os decía, antes de bajar los dos pies de la cama,  pensad de verdad, en estar alegres, con buen humor, sonreid, abrid grandes los ojos, los brazos, las palmas, estiráos, y sonreid. Sonreirse a uno mismo es una muy buena medida matutina, creédmelo. Antes de hacer cualquier otra cosa. Sonreirse a uno mismo. No es tan fácil. Lo veréis.

Compartir con vosotros es mi intención, sólo eso, que no soy consejera, ni chamana, ni maestra de nada;
sólo soy una de vosotros, y, no lo olvidéis, soy mujer, porque, ¿sabéis? también es necesario recordar a diario quién uno es y para qué.

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