Hoy, he pensando mucho en el beso de la princesa.
Ustedes podrán preguntarse de qué hablo cuando hablo de esto...Cuando un hombre se acerca por primera vez a una mujer, siempre será un sapo que espera ser convertido en príncipe por aquella mujer a quien buscó.Él no lo sabe, ni siquiera lo desea, somos nosotras las que queremos convertirlo, y él sólo lo será para nosotras, a partir de ese beso, para nosotras de ese modo en que lo transformemos, porque será únicamente nuestra obra, que nadie podrá conocer, porque esta obra se produce, como en el famoso cuento, en el preciso momento en que el sapo entra a nuestras camas y se mete entre nuestras sábanas, de modo que allí se operará el cambio, o no se convertirá jamás en ese príncipe que queríamos tener. Siempre será nuestra obra la que lo ha de lograr. A tenerlo en cuenta, cada vez que encontremos un sapo que quiere ser desencantado-encantado, pues saldrá de un encantamiento para entrar en otro, que inevitablemente cambiará su forma para moldearse en nueva metamorfosis que nuestro beso le provocará.
Debates se necesitan para afirmar o negar este pensamiento. A por ellos, cuanto antes mejor. Hace mucha falta convertir sapos en príncipes en estos días...Y es tarea de mujeres, transformar y convertir sapos en príncipes. Aunque sólo sea príncipe para esa mujer, y nadie más lo confirme como tal, a ella le servirá y a él le hará feliz...
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