Mi querida ..., amiga entrañable que el Universo me ha regalado y cada día me regala.
Hoy,
domingo de lenta lluvia, he sentido el deseo imperioso de escribirte, a
esta hora, exactamente las ocho. Vaya uno a saber por qué.
El
caso es que, como de costumbre, en mi vida se han producido muchos
hechos inesperados. Como sucede en la vida de cualquier ser humano,
atado a los avatares de los tiempos sin tiempos...
Tengo
necesidad y deseos de compartir estos hechos contigo, ahora que son
frescos y recientes, aunque las consecuencias hacen que lo sigan siendo, pues lo más importante y ponderable de los hechos, son sus efectos, ya que si no fuera por ellos, sólo serían un instante que pasa y tal vez se olvida...Tampoco puedo asegurarlo.
Cuando
nos reunamos, hablaremos largo y abierto, y volveremos a elaborar
disquisiciones que no nos conducirán a nada, y tornaremos a tener la
certeza de ser conducidos por nuestras emociones y de no poder controlar
nada, certeza que cada día se hace más clara y comprobable.
No
sé qué pensamientos y suposiciones te disparará este mensaje, pero no
te apresures a sacar conclusiones, pues no las hay ya que los finales
siempre están abiertos en nuestras creativas vidas, (e inesperadamente contradictorias también).
Por
otra parte, deseo que estés pasando un buen oasis en tu relación, ya
que parece ser que las relaciones se nutren de eso: oasis esporádicos que te llevan de
nuevo a otro tiempo desértico. En fin, deberíamos preguntarnos si no
será igual en todo tipo de relación humana y no es privativo de la relación hombre-mujer. En todo caso, siempre es lo humano lo que priva en todas. ¡En fin!
Quisiera
que nos veamos, pero por ahora no va a ser posible, pues empieza la
otra parte de la construcción en casa. Sé que debiera empezar a construirme y dejar de construir fuera de mí, pero por ahora, sigo por otra dependencia externa.
Además estoy reservando dinero para nuestro proyectado viaje.
Ya
ves, que tenía motivos para escribirte. Compartir contigo, siempre,
compartir contigo, que navegas por este océano impredecible de emociones
diversas, que no terminan de asombrarnos y descolocarnos de nuestras
"conocidas" reacciones. Siempre tenemos una que no sabíamos estaba en
nosotros ¿Debiéramos estar felices ante tanta conmoción?
Tal vez, son experiencias que no permiten el anquilosamiento de ninguna parte de nuestro ser, que por lo que ya sabermos, no es sólo un cuerpo que desaparece en un breve tiempo, sino un inmenso conglomerado de sentimientos, pensamientos, sueños, emociones, etc., que son eternos e imperecederos.
Y quizá habría que ser más cuidadoso ante nuestras decisiones por lo que dejaremos escrito en ellas...
Abrazo
sentido y desde la distancia, que es inexistente en tanto estemos la
una en el pensamiento y corazón de la otra y reflejando nuestros seres
en el espejo que somos la una de la otra.
Tuya, la que no se rinde (al menos no por ahora)
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